G-8: Obama contra Merkel

NUEVA YORK- Si una imagen vale más que mil palabras, el orden en el que se sentaron los líderes del G-8 en la mesa junto con los representantes europeos ayer en Camp David –la residencia oficial de descanso del presidente de Estados Unidos– explica muy bien el punto alcanzado en el debate sobre cómo poner fin al desconcierto en la zona euro y a un posible contagio global.

A la derecha del anfitrión, el presidente Barack Obama, se colocó su homólogo francés Françoise Hollande, seguido del primer ministro canadiense, Stephen Harper, que tuvo al lado a su homólogo italiano Mario Monti. Después, el japonés Yoshihiko Noda. Y a su derecha, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, seguido del presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy.

Mientras, a la izquierda de Obama se colocaron el primer ministro británico, David Cameron, y el ruso Dmitri Medvedev. La canciller Angela Merkel, alejada del francés y de Obama, prefirió ocupar un asiento entre Medvedev y Van Rompuy. Una explicación gráfica del dilema entre austeridad –defendida por Merkel– y crecimiento, cuyos abanderados son Hollande y Obama.
En el comunicado conjunto, los mandatarios del G-8 destacaron que «nuestro imperativo es promover el crecimiento y la creación de empleo. La recuperación económica global muestra señales prometedoras, pero persisten los vientos en contra».

Los líderes mundiales señalaron que es necesario tomar medidas para combatir «el estrés financieron», aunque «las medidas no son las mismas para cada uno». El G-8 se ha comprometido a invertir en investigación y desarrollo, redes digitales, infraestructuras y una profundización en el mercado interior para el caso de la UE.

Merkel, que encontró cierto apoyo en el primer ministro británico David Cameron, pareció dar pequeñas muestras de que ofrece alguna concesión. La canciller alemana dijo que «ha quedado claro que no se trata de poner en marcha programas coyunturales, como se hizo después de la crisis financiera», y añadió que «todos hemos coincidido en que éstos no se pueden repetir». Merkel resaltó que la «consolidación y el crecimiento son dos caras de la misma moneda» y que «Alemania no ha defendido una posición diferente: de lo contrario no habríamos logrado un comunicado común».

En la declaración no se utiliza la palabra «gasto», algo que resulta significativo, pero en cambio sí que se cita el nombre de un país, Grecia (algo inusual en este tipo de comunicados) para mostrar su apoyo a la permanencia de ese país en la zona euro.

Obama remó en la dirección de Hollande al decir que «todos nosotros estamos comprometidos en asegurar que el crecimiento y la estabilidad, junto con la consolidación fiscal, sean parte de un paquete completo para lograr prosperidad a nuestros ciudadanos». De esta manera, el presidente de EE UU comenzó a presionar ayer para disminuir la austeridad fiscal y centrarse en el desarrollo económico, en clara referencia a la crisis de deuda de Grecia y España, aunque evitó citar a estos dos países por su nombre. Hay datos recientes que apuntan que en Alemania se han dado pasos que llevan a pensar que la ortodoxia presupuestaria se ha relajado. El mayor sindicato del país, IG Metal, acaba de alcanzar un acuerdo que prevé la mayor subida salarial en 20 años, el 4,3%, el doble de la tasa de inflación alemana. Aumentar el poder adquisitivo de la clase trabajadora germana tendrá implicaciones en la economía de la eurozona.

La reunión del G-8 también ha servido para preparar el camino del encuentro de la próxima semana en Bruselas. Allí, los países del euro tomarán decisiones específicas mucho más decisivas para combatir la deuda. A última hora de la tarde, el presidente Obama puso rumbo a Chicago, donde se celebra hoy y mañana la cumbre de la OTAN. Allí, el tema dominante será la cuestión de Afganistán, donde Obama se encontrará con los líderes de Afganistán y Pakistán.

 

La receta pasa por gastar más
Barack Obama encabezó ayer el bando de los presidentes que apuestan por impulsar las políticas de crecimiento sobre la las medidas de austeridad presupuestaria. Junto a él están su homólogo francés Françoise Hollande, el líder canadiense Stephen Harper y el italiano Mario Monti. Obama teme que si la crisis de la deuda se hace aún más grande afectará a la economía estadounidense. De ser así, las posibilidades de ganar la reeleción en noviembre serían muy reducidas. Es por eso que es el líder más interesado en presionar a Merkel.
 

La austeridad como bandera
La canciller Angela Merkel sigue defendiendo que la consolidación fiscal resulta clave para salir de la crisis. El primer ministro David Cameron es también un ferviente defensor de la disciplina presupuestaria. A pesar de que Reino Unido ha entrado en recesión por segunda vez, Cameron ha asegurado que los objetivos para reducir el déficit no van a cambiar. Parece que ayer el británico se acercó más a las posturas de Merkel, quien sigue pensando en que «sin solidez financiera habrá de nuevo grandes incertidumbres en la eurozona».