Una virulenta tormenta despide un julio atípico

«Bajo la lluvia de verano el sendero desapareció» (Yosa Buson, pintor y poeta japonés). Una fuerte tormenta saturó ayer el ambiente, la circulación y para muchos el inicio de las vacaciones de verano en poco más de media hora y despidió un julio atípico.

La fuerza de la tempestad arrasó con los árboles y provocó destrozos en azoteas y bajos de edificios
La fuerza de la tempestad arrasó con los árboles y provocó destrozos en azoteas y bajos de edificios

La intensidad de la lluvia en las comarcas centrales y Barcelona hizo prácticamente imposible ver a escasos metros por delante y su fiereza arrasó a su paso. Dos persones murieron en dos accidentes de tráfico en Vacarisses y Monistrol de Montserrat, los pasajeros de dos trenes tuvieron que ser evacuados al quedar inmovilizados los convoyes en Mataró, un velero tuvo que ser remolcado en el puerto de Barcelona y se inundaron varias estaciones de metro, comercios y casas.
A las 16.30 horas, Protección Civil activó la fase de alerta del plan especial de emergencias por inundaciones en Cataluña (Inuncat) pero en pocos minutos las comarcas del Bages, el Vallès, Osona, el Maresme y el Barcelonés quedaron completamente anegadas ante la virulencia de la tormenta. También tuvo que ponerse en marcha el plan por emergencias en el transporte de viajeros por ferrocarril. La caída de una catenaria en Mataró obligó a paralizar la circulación de los trenes dejando a decenas de pasajeros atrapados durante un par de horas en los convoyes. Todos fueron evacuados. Estas no fueron la única incidencias que registró Cercanías, ya que el paso de los trenes también se interrumpió en varias estaciones, como entre Sants y paseo de Gràcia, al inundarse vías y andenes. El agua también se acumuló en algunas estaciones de metro que, como Fontana de la línea 3, tuvo que cerrar al público.
En superficie, tanto conducir como caminar fue casi imposible en Barcelona. Pasado el aguacero, los árboles caídos sobre el asfalto complicaron la circulación en calles como Vía Laietana o el paseo Joan de Borbó, donde la Guardia Urbana cortó el tráfico. Las palmeras del paseo de Colón no resistieron la tromba. Por su parte, el Ayuntamiento de Barcelona recibió centenares de avisos por inundaciones de bajos, daños en fachadas y acumulación de árboles. De hecho, el centro comercial del Maremágnum fue desalojado por la Policía por miedo a que el techo cediera. Y en Sant Pere de Torelló, los Bomberos evacuaron a 26 niños y 6 monitores de un campamento por inundación.
En las carreteras, la lluvia y el granizó dificultaron en extremo la circulación dejando a su paso grandes charcos y obligando a cortar, incluso, de la AP-7. Lo peor ocurría en plena tormenta en la C-55 a su paso por Monistrol de Montserrat y en la C-58 en Vacarisses, cuando en sendos accidentes de tráfico dos vehículos chocaron frontalmente con otros dos. Murieron dos personas y otras quedaron heridas de diferente consideración. Y en el mar, la Guardia Civil tuvo que remolcar un velero que al tratar de entrar en el puerto de Barcelona se fue contra el espigón frente al Hotel W.
Así, un julio atípico –ha sido el más fresco de los últimos 34 años en Barcelona– se despide trágicamente y tratando de poner orden el caos creado por 30 minutos de aguacero. Y deja paso a un mes de agosto que se prevé que sea más caluroso.