Los caprichos de Mourinho

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La comida con Helen y Harry discurrió plácida hasta que me contaron los progresos en sus últimas investigaciones, naturalmente ligadas al Real Madrid. «¿Es que no encontráis otro material? ¿Habéis pensado en hacer un seguimiento a José Luis Astiazarán o a Javier Tebas? ¿No os atrae que Tutumlu acuse a Laporta de llevárselo a espuertas del Barça? Sólo os preocupáis de Mourinho. ¡Qué pesadez!». Fue a responder Helen cuando Harry levantó su manaza y con mirada de acero, propia de un gobernador de California, me cortó en seco: «Los pájaros no van a volar y ninguno es más fácil de seguir que Mourinho...». «Es que...». Terció Helen porque veía que su marido empezaba a impacientarse y la sobremesa podía terminar en la casa de socorro. «Atiende y no interrumpas. ¿Sabías que Mourinho ha prohibido viajar a los periodistas en el avión del Madrid?». Silencio. «¡Responde!». «¿En qué quedamos, hablo o no?». «Responde». Cuando Helen se pone seria no se ríe ni con «Faldas y a lo loco», aquella película de su padre. «Lo sé, ¿y?». «Que el capricho de Mourinho le cuesta al Madrid una fortuna. Calcula, veinte periodistas, a 60.000 euros por barba... Sí, un millón doscientos mil euros. Por mucho menos, 40.000 por club, la Liga de Fastidio Profesional ha declarado la guerra a las emisoras de radio». «OK. Pero deberíamos relajarnos un poquito, sobre todo tú, Harry, que se te hincha la vena. ¿A que estaba bueno el cochinillo?». «Revenido». Pago y nos vamos; casi como Laporta, que cobró y se fue.