Mi cáncer por Paloma PEDRERO

Mi cáncer, por Paloma PEDRERO
Mi cáncer, por Paloma PEDRERO

Hace quince días me diagnosticaron un cáncer de colon. Estoy bien, tengo fuerza, quiero hacer algo bueno con esto: ayudar a los otros. Quiero que sepan qué pasa cuando te lo dicen, qué piensas, qué sientes, qué esperas… Quiero, sobre todo, que las personas que estén en una situación similar, ahora o mañana, tengan una referencia cercana. Por eso en las próximas semanas os iré contando lo que me va pasando. Quiero poder deciros pronto que me he curado, que me voy de viaje a cualquier playa, que mi cuerpo ya está libre de células violentas, que he aprendido tanto… Comienzo: Este tipo de tumor no da síntomas. Yo no los tenía. En una revisión rutinaria, un análisis de sangre dio una cifra alta, el antígeno carcino. Mi médica de cabecera, por precaución, pidió que me hicieran varias pruebas. Me repitieron la analítica y la cifra del antígeno ya estaba casi normal, como el resultado del scanner. Olvídate, me dijo mi doctora, vive tranquila. Sin embargo, faltaba una prueba, una colonoscopia. Estuve a punto de no hacérmela, agradable no es. Pero mi amiga Almudena me convenció. Sólo sé que me durmieron a las diez y media y me desperté cerca de la una. El médico vino a mi camilla y me lo explicó. ¿Puede ser malo?, pregunté. Sí, me dijo, pero hay que esperar el resultado de la biopsia. En ese momento supe que tenía un cáncer. Fue un golpe duro, sentí una tremenda desolación mezclada de incredulidad. Mis pensamientos eran más o menos: Qué pronto, no estoy preparada para ese calvario… Tenía ganas de llorar, pero la bronca más que tierna de mi amiga hizo que me remontase. Gracias. Pasé unas horas extrañas, pero no solté una lágrima. Sentía que mi cerebro había puesto en marcha todo su batallón de defensa. Sustancias que dulcificaban mi padecer. La muerte no era tan terrible como yo había pensado. He vivido tan intensamente, tanto. Podré irme tranquila. Quince días me esperaban de incertidumbre. Cuando me dieron el resultado de la biopsia respiré hondo. No hay dolor más grande que el de la esperanza sin razón. Sí, es un cáncer. Ya está. Hoy empieza mi nueva vida.