Antártida: perforan el Lago Vostok a más de 3700 metros bajo el hielo

El pasado miércoles científicos rusos lograron penetrar con éxito el lago Vostok, cuyas aguas han permanecido enterradas durante 20 millones de años. El catedrático de Microbiología Ricardo Amils, autor de «Esos pequeños bichitos», explica por qué existe agua líquida en el subsuelo de este continente y qué condiciones serían necesarias para que hubiera vida 

Durante años la comunidad científica internacional logró una moratoria para que en el proyecto de perforación ruso al lago Vostok, en la Antártida, no se alcanzara la superficie del agua líquida del mismo sin disponer de metodologías adecuadas con el fin de evitar su contaminación con microrganismos provenientes de la superficie. El domingo pasado se ha comunicado desde la base de perforación rusa que se habían logrado colectar unos 40 litros de agua del lago, que se supone ha estado confinada y aislada por más de 20 millones de años. El análisis de estas muestras será fundamental para obtener información sobre el posible tipo de vida que alberga este inusual hábitat, el mejor análogo terrestre de la luna Europa de Júpiter.


Algunos expertos consultados temen que las condiciones en las que se han obtenido las muestras no sean lo suficientemente estériles para asegurar que lo que se detecte sea nativo; es decir, que no ha sido introducido del exterior durante la perforación. Las razones por las cuales no se ha respetado la moratoria pueden tener relación con las perforaciones que se habían iniciado por otros equipos de investigación en otros lagos subterráneos de la Antártida. ¿Cómo se puede explicar que exista agua líquida en el subsuelo de la Antártida? Porque la presión ejercida por más de tres kilómetros de hielo es suficiente para que las condiciones sean tales que el agua mantenga su estado líquido. Agua líquida y energía es lo único que necesita la vida para poderse desarrollar. ¿Y cuál es el interés de la exploración de un ecosistema como el del lago Vostok? Durante años la biología sólo ha contemplado la existencia de vida relacionada con la radiación de la estrella, en nuestro caso del Sol. Ya se había avanzado la idea de la posible existencia de vida independiente de la que se desarrolla en la superficie desde hace tiempo, Darwin lo sugirió en uno de sus escritos, pero hasta el año 1995 no se publicó el primer trabajo describiendo vida subterránea en rocas basálticas dependiente de la producción geoquímica de hidrógeno, una buena fuente de energía para algunos microrganismos. Hoy en día hay varios proyectos de perforación marina y continental con el fin de estudiar este tipo de vida, completamente desconocida para la ciencia. La metodología de análisis requiere una perforación para la recuperación de muestras a distintas profundidades. Y de ahí surge el problema más importante en este campo, diseñar procedimientos que permitan evaluar el nivel de contaminación superficial, inevitable con las técnicas de perforación actuales que requieren de la utilización de utillaje imposible de esterilizar por su volumen, amén de la necesidad de utilizar fluidos de refrigeración con el fin de contrarrestar el calor producido por la inevitable fricción del cabezal de perforación con la matriz sólida del material del subsuelo. Volviendo a Vostok, es importante subrayar la dificultad inherente de perforar en hielo, además de las condiciones extremas de temperatura que tiene la zona de perforación que debe haber complicado la obtención de la muestra de agua líquida del lago. ¿Y qué resultados podemos esperar de esta investigación? En primer lugar conocer un ecosistema completamente desconocido, averiguar qué tipo de vida, si la hay, se desarrolla en el mismo y cuál es su fuente de energía, carbono, nitrógeno y fósforo, estos últimos elementos esenciales para el desarrollo de la vida. La comunidad científica espera conocer lo antes posible los datos preliminares sobre esta misión, una de las más esperadas y deseadas de los últimos años.

 

*Ricardo Amils es catedrático de Microbiología del Departamento de Biología Molecular de la UAM e investigador del Centro de Astrobiología del CSIC