Cuando del cielo caen aves muertas

El día en el que se desplomaron sin vida 5.000 pájaros en Arkansas, EE UU, la estampa de muerte llenó de estupor a científicos y profanos. Ese día, además de fuegos artificiales, hubo un tornado. No es la primera vez que los fenómenos meteorológicos acaban de forma súbita con bandadas enteras 

Cuando del cielo caen aves muertas
Cuando del cielo caen aves muertas

Las sucesivas lluvias de aves muertas han llenado de estupor a científicos y profanos. En Nochevieja los vecinos de la localidad de Beebe, en Arkansas (EE UU) se encontraban con una estampa de terror al ver más de 5.000 pájaros muertos sobre la carretera. Varios días después, la escena, aunque no tan grotesca en número, se repetía. Así, el pasado lunes se hallaban otros 500 mirlos muertos en Pointe Coupee (Luisiana). Y no hay dos sin tres, ni sin cuatro. Docenas de cuervos se han encontrado muertos el pasado martes en las calles de Falköping, en Suecia. Días después, el caso se repetía al norte de Italia, donde se hallaron muertas más de 400 tórtolas en Faenza. Por si fuera poco, para rematar la faena, más de 100.000 peces muertos se encontraron flotando en un río de Maryland. Ante esta dantesca imagen, varias son las causas que se barajan. Algunas apocalípticas, pues hablan de maldiciones bíblicas. Sin embargo, a medida que va pasando el tiempo las causas reales van poco a poco esclareciéndose.

Los peces han muerto por enfermedad, por lo que no se cree que su caso esté relacionado con los episodios de aves muertas. Y aunque sea muy pronto para dar una causa final, una de las que se barajan en el caso de Arkansas es por el susto que tuvieron que darse las aves. «Los fuegos artificiales que se lanzaron se usaron de forma ilegal cerca de un dormidero invernal de esta especie», explica Juan Carlos Atienza, coordinador del Área de Conservación de Especies y Espacios de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife).
Sin embargo, este experto, que explica que las aves no se pasan el estrés, aunque pueden sufrirlo, no se decanta por ninguna hipótesis, y es que habría otra causa que no se debería descartar.

«El día 31 de diciembre hubo al parecer un tornado en ese mismo estado de Arkansas. A mí, a priori, me parece un candidato más plausible que las aves se asustaran por los fuegos artificales», asegura a A tu salud Verde Eduardo de Juana, profesor de Zoología en la Universidad Complutense de Madrid y presidente de SEO/BirdLife.

De Juana tiene motivos de sobra para dar más peso a esta causa. No es la primera lluvia de aves muertas ni la última que se producirá. «En la bibliografía ornitológica figuran numerosos ejemplos de mortandades masivas. En general se deben a episodios meteorológicos cortos pero intensos, como granizadas, tornados, huracanes, tormentas con rayos, súbitas olas de frío...».

Caso por caso
«En Norteamérica, en julio de 1953, dos tormentas seguidas en las praderas de Alberta, en Canadá, mataron a más de 148.000 patos, así como a otras muchísimas aves», recuerda De Juana. En abril de 1970 otra tormenta hizo estragos. «En las islas Aleutianas, al sudoeste de Alaska –prosigue–, se desató una tormenta con vientos que llegaron a los 135 km/hora, lo que hizo que después aparecieran más de 100.000 araos (aves marinas) muertas en las costas americanas. En otra ocasión, un tornado en Luisianan mató, en abril de 1993, a unas 40.000 aves que estaban en migración. Otro ejemplo es el que aconteció en 1928, cuando, por unas condiciones de niebla muy cerrada, varios cientos de cisnes murieron al meterse bajo las cataratas del Niágara».

Estos ejemplos explican por qué el tornado que tuvo lugar el pasado 31 de diciembre podría ser la causa de la lluvia de aves muertas desencadenada desde el día de Nochevieja en Arkansas.

Pero los casos no acaban aquí. «Existen muchos sucesos de muertes masivas de aves. Se puede decir que ocurren con frecuencia en casi todos los países del mundo», explica Atienza. Hay casos documentados por colisión masiva, por golpes de granizo, por frío, por enfermedad y también provocados por el hombre (veneno, derrames de petróleo, etcétera). Por ejemplo, «en Rusia –prosigue–, un caso muy famososo fue documentado en una zona húmeda del país en la que dos bandos de zampullines colisionaron en el aire un día de niebla con un resultado de 2.500 aves muertas».

Pero no hay que salir de España para ver casos de gran mortalidad de aves. En agosto de este año una tormenta de granizo mató en la Hoya Usilla, una lagunilla muy cerca de Pétrola, en Albacete, a unos 80 ejemplares de flamenco (Phoenicopterus ruber)», recuerda. Y hace unos años, miles de aves murieron por el botulismo.

«No están documentadas cifras tan altas de bajas en un mismo episodio como el de Arkansas, salvo, quizá, en el caso de la epidemia de botulismo de 1973 en las marismas del Guadalquivir, que se llevó por delante a más de 50.000 patos y otras aves acuáticas», recuerda tanto De Juana como Cristina Rabadán, de WWF.

Otro de los casos más famosos al respecto «fue el que ocurrió en el año 1999 en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, donde se vieron afectadas unas 10.000 aves por botulismo», añade Atienza.

De Juana insiste en que «en España, aunque no con cifras tan altas de bajas, es frecuente que las tormentas, las de primavera sobre todo, maten de golpe a muchas aves por medio del granizo o de la lluvia demasiado fuerte o persistente. Los pollos de perdiz, por ejemplo, son muy sensibles al mal tiempo. También las olas de frío desencadenan muertes masivas, sobre todo cuando ocurren tarde en la primavera o muy pronto en otoño».

Y lo dicho, también los hay provocados por causas humanas, «como el que aconteció en 2007 en Santa Cruz de la Salceda, en Burgos, cuando se produjo un envenenamiento que mató a 42 buitres, y produjo síntomas a otra veintena de ejemplares. O el que tuvo lugar en el invierno de 1995-96 en Argentina, donde el empleo de pesticidas en el campo mató a unos 20.000 ejemplares de aguilucho langostero en 18 episodios», recuerda la experta de WWF.

En definitiva, una estampa de horror que a muchos les recuerda a la que es considerada una de las mejores películas de Alfred Hitchcock, aunque los pájaros aquí atacaban, en Arkansas como en el resto de ejemplos citados se desplomaban ante el estupor de los ciudadanos. ¿Misterio o causa y efecto? La Ciencia habla.