Del Pozo ante el espejo

La Cibeles Fashion Week arrancó ayer con la colección póstuma del creador madrileño 

El último desfile de Jesús del Pozo
El último desfile de Jesús del Pozo

A María Jesús se le ha olvidado el móvil en casa. «Me va a tocar volver, porque como me llame Jesús…». De repente, reacciona. Un escalofrío. Comienza el día para la jefa de taller de Jesús del Pozo, con la sensación de que él sigue al mando. Y de alguna manera así es. En todas y cada una de las prendas que quiso regalar ayer a la Cibeles Fashion Week antes de irse, estaba presente. En la mezcla de volúmenes. En las veladuras de color. En las líneas puras. En los vestidos túnica. «No nos ha dado tiempo a darnos cuenta de que no está», comentan la directora general de la firma, Ainhoa García y la responsable de prensa, María Peñacoba. En vano, partió con todo diseñado y patronado. «En estos últimos años he procurado rodearme de gente que fuera mejor que yo, para que ellos tomen las riendas y uno no sea imprescindible», comentaba el creador el pasado febrero, cuando tuvo la deferencia –siempre tenía el taller a cal y canto– de permitir a LA RAZÓN compartir las pruebas a las maniquíes. Memoria fotográfica. Él sentado. Lo único frágil, su salud. Firme en sus criterios. La modelo camina con unos pantalones pitillo a lo Dietrich. «El ojo no me engaña, a ese bajo le falta un centímetro». Razón tenía. Así trabajaba. Así triunfó. Público en pie, ovación ministerial –Sinde, Alborch, Del Castillo–, y lágrimas en familia y amigos.

Relevo inesperado –y triste– frente a otra sucesión organizada. La de Adolfo Domínguez. Por primera vez vivió su desfile desde la barrera. En el «front row», flaqueado por dos de sus tres hijas, Adriana y Valeria, pasó revista a los diseños que ya capitanea la tercera: Tiziana. Al final, aprobación del veterano a las propuestas de sus pupilas con estampados de libélulas y de la flor de lino. «Me puse a investigar sobre este tejido y me di cuenta de que nunca había visto la flor. Ha sido todo un descubrimiento», comenta Tiziana. El estampado del día: el que encargó Nuria Sardá a Etro para sus bañadores. En el caso de Andrés Sardá, el traspaso de poderes está consumado y en buenas manos.

Miles de flores
Muchas flores, pues, para el primavera y el verano de 2012. También en Roberto Verino que se dejó llevar por un «eco-chic» –palabro suyo– que se palpa en prendas ligeras que no necesitan plancha, tonos terrosos muy bien elegidos, juego interesante del negro y el oro, del ante y la piel tipo guante, así como en prendas enriquecidas en los detalles, como los botones. «Se trata de dar un valor añadido a la prenda para ofrecer una compra inteligente». Y así le va. Su firma cerró 2010 con un crecimiento del 7% y 40 millones en ventas.

Cifras aparte, le llovieron los aplausos a Duyos, que de forma ordenada –del blanco al gris– sacó los mejores colores de los lápices de Faber Castell para pintar unos vestidos capa, unas faldas plisadas y un mono en maquillaje que delataban una calidad de tejidos extrema y un cuidado supino en los volúmenes que se crecían al paso. Allí nada tenía desperdicio. Menos aún los zapatos en carey de Cuplé. Y todo al ritmo de unos tambores senegaleses «que me encontré en uno de mis paseos por Madrid», confiesa Juan. Un toque «waka waka» también tenían los juegos de ondas de Vittorio&Lucchino que trabajaron el juego de reflejos en las telas, probaron a rociar de spray algunas de sus piezas y acertaron con la sastrería de caballero –especialmente con la americana de maxirayas que paseó Jon Kortajarena–. A raya, pero más tirando cebra, se mantienen los diseños de Ángel Schlesser, que se lució con los vestidos en melocotón pero pecó en exceso con la túnica rappeliana.

Que se atreva a dar un paso adelante. A ser rebelde. Miguel Palacio lo ha hecho y no ha salido mal parado. La cresta punk de sus modelos, delataba que el hombre está liberado ahora que camina de la mano de la firma Hoss Intropia. Se ha desbocado en su paleta de colores y ha hecho una fiesta con las lentejuelas: que si ahora en paneles, en este vestido en entramados, luego en guipur con hilo de lurex en homenaje al «La,la,la»...


De ministras a futuras presidentas
Ángeles González-Sinde, Carmen Alborch y Pilar del Castillo (de izda. a dcha.). La moda es cultura. Jesús del Pozo es cultura, y las ministras quisieron reconocérselo. «Ha sido la arteria que ha recorrido la moda española por su creatividad y el empuje a la industria», reconocía emocionada la popular. El trío ministerial encabezaba un largo listado de vips que quisieron dar las gracias al diseñador, desde Enrique Loewe hasta Ana Botella (en la imagen) –impecable de Schlesser–. Carmen Calvo, la cuarta ex, se reservó para Victorio&Lucchino, en cuya primera fila aglutinó a un personal un tanto ajeno a la pasarela. Véanse Karmele Marchante, Chiqui «Gran Hermano» y Esperanza Gracia. Sí, la vidente. Aunque lo más exótico del día fue la irrupción en el pase de Verino de «Miss América», Teresa Scanlan, que hizo su proclama: «Quiero ser presidenta de los Estados Unidos». Tiembla Obama. Y Rubalcaba, por si acaso. Aunque si se trata de acento californiano, gana Elsa Pataky que pronuncia Heineken y «Wine of summer» –título de su próxima película, traducción literal de «Tinto de verano»–, mejor que Melanie el «Te quiero una hartá». Menos mal que entre tanto «cool people» ajeno a Cibeles, apareció Begoña Trapote, que siempre cumple.