Al menos que se ponga «irradiado» en la etiqueta por José Antonio VERA

Al menos que se ponga «irradiado» en la etiqueta, por José Antonio VERA
Al menos que se ponga «irradiado» en la etiqueta, por José Antonio VERA

De un tiempo a esta parte asociaciones de consumidores y ecologistas vienen manifestando su contrariedad ante el avance de la irradiación alimentaria, una práctica creciente. En sí la irradiación de los alimentos no tiene por qué ser negativa. Es un procedimiento que consiste en «conservarlos mejor» retrasando su proceso de maduración y matando los insectos y microrganismos que pueden estropearlos. Su resultado es similar al de la pasteurización, la esterilización o el UHT, con la diferencia de que no produce calor, siendo por tanto adecuada para los alimentos crudos, que no deben someterse al calor para no perder sus propiedades. También se emplea en la desinfección de envases y material sanitario. El procedimiento consiste en introducir el alimento o el producto en una cámara aislada en donde se le aplica energía en forma de radiaciones ionizantes. El radio fue una de las primeras sustancias radiactivas en emplearse, después le siguieron los rayos X, los rayos gamma provenientes del cobalto 60 y cesio 137 y los aceleradores de partículas. La aplicación radiactiva es sumamente baja por lo que no existiría riesgo de contaminación, pues es un tratamiento similar al calentamiento por ultravioletas o microondas. Las radiaciones ionizantes se encuentran a medio camino entre las ondas electromagnéticas que utilizamos habitualmente para calentarnos o cocinar y las radiaciones radiactivas.


Los elementos residuales que quedan en el producto tras ser irradiados son similares a los que se pueden producir en una cocción o pasteurización. Al parecer se han hecho amplios estudios con animales engordados con comida irradiada durante años y no se han encontrado indicios de que pueda ser perjudicial. Los astronautas también se alimentan durante sus viajes con nutrientes irradiados hasta la esterilización. Los productos irradiados comúnmente, sin embargo, no son esterilizados al completo sino que se alcanza un nivel de limpieza de microorganismos similar al de la pasteurización. Siguen teniendo vida limitada y es necesario conservarlos de manera adecuada. Y hay que tener en cuenta que determinados virus y toxinas son resistentes a estos procesos, igual que los priones causantes de la enfermedad de las vacas locas, por ejemplo.


La pérdida de proteínas, grasas e hidratos de carbono que se produce es muy pequeña, igual que en el caso de los aminoácidos, oligoelementos y minerales. Las vitaminas B1, C, A, y E sí que experimentan cambios, aunque menores que cuando se someten a procedimientos de calor. Algunos alimentos tratados pueden sufrir modificaciones en sabor y color, sobre todo cuando se trata de carne. La fracción magra es la más sensible en este sentido. También se producen problemas de olor y sabor durante el almacenamiento. La leche y los productos lácteos son muy vulnerables, dando lugar a olores y sabores extraños.


La polémica entre partidarios y contrarios está servida. Estos últimos afirman que la irradiación destruye el valor nutritivo de los alimentos y produce sustancias contaminantes difíciles de detectar. También sostienen que puede propiciar la aparición de plagas y micro-organismos extremadamente resistentes, siguiendo el ejemplo de los plaguicidas, que según ellos han creado variedades casi indestructibles de insectos, bacterias o virus. Afirman que hay pérdida de calidad nutritiva y alteraciones de ciertas vitaminas liposolubles que se encuentran mayoritariamente en los huevos y la mantequilla. Los partidarios, sin embargo, aseguran que no supone riesgo alguno para la salud, evita intoxicaciones por la eliminación de gérmenes tales como la salmonella, limita el empleo de conservantes químicos y recuerdan que tanto la OMS como la FAO respaldan esta técnica, por las ventajas que tiene para la alimentación en el Tercer Mundo, donde se estima que se pierden entre el 30 y el 50 por ciento de los alimentos. Sin duda que el mayor problema actual es el del etiquetado. Es obligatorio especificar que se trata de productos «irradiados», pero en muy contadas ocasiones sucede. Buena parte de los que proceden de América o Asia han sido irradiados, pero jamás se dice. La palabra "radiación"genera rechazo y por eso en Estados Unidos le denominan «pasteurización fría» y en Francia «ionización». El debate no ha hecho más que empezar.