Ni voz ni voto

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Hoy, día de recuerdo mundial a las víctimas del terrorismo, pedimos una vez más que los asesinos no tengan voz ni voto. Nunca entendimos que pudieran negociar. Ahora les conviene. Están débiles, no llegan a acuerdos internamente, algunos presos advierten de la inutilidad de matar y hasta ven que se consigue más negociando que asesinando. Manda narices. Negociar es darles poder cuando, gracias a nuestra seguridad, justicia y a Francia, han perdido infraestructura. Quieren recuperarla volviendo a las instituciones públicas, por eso exigen democracia a España, ¡ja!, ¡si los que son de todo menos democráticos son ellos! Dicen que «si el Gobierno de España tiene voluntad, ETA está dispuesta, hoy igual que ayer, a acordar los mínimos democráticos necesarios para emprender el proceso democrático». ¿Acaso tienen derecho a ello quienes han asesinado y destrozado tantos cuerpos y tantas almas? Su destino está en la cárcel y ¡no en el Parlamento! Tienen que dejar las armas, permitirnos vivir en libertad y que quienes han causado tanto dolor cumplan su condena íntegra. De lo que se arrepentirán es de matar durante tantos años sabiendo que la justicia es implacable y que la colaboración internacional desde el trágico día que hoy conmemoramos, por desgracia para ellos, ha multiplicado la eficacia de la lucha antiterrorista. Saben que su camino no les dará la independencia, porque al único lugar al que conduce es a la cárcel.