El Madrid se baja de la Liga

Nadie esperaba que el Real Madrid se fuera a dejar, otra vez, media Liga en Riazor. El Deportivo no es nadie en este campeonato bipolar, pero el sábado, el conjunto de Mourinho se encontró con Aranzubía, los postes, el esfuerzo local y su propia indolencia en la primera parte.

cristiano ronaldo y Xabi Alonso, cabizbajos, el sábado en Riazor, donde el Madrid sólo pudo empatar
cristiano ronaldo y Xabi Alonso, cabizbajos, el sábado en Riazor, donde el Madrid sólo pudo empatar

Cuando el técnico portugués –ya le ha ocurrido en otros partidos del curso– movió el banquillo y motivó a sus jugadores, su equipo cercó a los gallegos y debió irse de Riazor con los tres puntos. Las excusas del calendario, de jugar los sábados y de las ventajas del rival –«Mou» nunca se atreve a citar al Barcelona o a Roures– no sirven. Son de equipo pequeño, y el Madrid nunca se ha quejado de esas cosas, que, además, en ocasiones no se ajustan a la realidad.

 Lo que ocurrió en La Coruña ya le ha pasado en otros sitios –Levante, Mallorca, Almería y Pamplona– y Mourinho no ha conseguido poner remedio. Además, a estas alturas de la temporada pasada el Real Madrid era líder –62 puntos y mejor «gol average» que el Barcelona–, con el denostado Pellegrini en el banquillo.

Con 39 puntos por disputarse, el Madrid tiene la obligación, como dice Valdano, de no bajar los brazos porque en el fútbol lo que un día es negro al otro es blanco. Sin embargo, la realidad es que el Barcelona no falla y cuando parece tocado, como ha sucedido después del empate de Gijón y la derrota ante el Arsenal –entremedias ganó al Athletic– se planta en Palma con cuatro bajas y golea a los de Laudrup, conducidos por Keita y con su tridente mágico. Y es que Messi, Villa y Pedro llevan más goles (56) que todos los equipos del campeonato. Contra eso no se puede luchar, y aunque los azulgrana tienen ahora dos salidas muy complicadas, Valencia y Villarreal, su firmeza es una garantía. Pero no hablemos de una Liga decidida, pese a que el Madrid casi se bajó del tren en su campo maldito, Riazor.