La división en la derecha amplía la derrota electoral de Sarkozy

Fillon llama a los conservadores a la unidad para sortear la crisis de la UMP 

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, ayer durante una conferencia en la Universidad París II
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, ayer durante una conferencia en la Universidad París II

 Reina la preocupación en la UMP, el partido de Nicolas Sarkozy, un día después de la histórica victoria de la izquierda en el Senado, controlado durante los últimos 53 años por los conservadores. Pese a los intentos de minimizar el alcance de este nuevo varapalo electoral, en las filas de la derecha gala pocos cuestionan que la derrota no sólo es un revés contra la política del presidente Sarkozy, sino que además presagia malos tiempos a sólo siete meses de los próximos comicios presidenciales.

La UMP ha pagado el precio de la división entre las diferentes familias del centro derecha y la aparición de listas disidentes dentro de la propia formación, pero también de los malos resultados del partido en las elecciones regionales, municipales y locales, lo que ha contribuido a que aritméticamente los cargos electos, que son quienes votaron el domingo, se pronunciaran mayoritariamente por los candidatos progresistas.

Con 177 de 348, la izquierda ha obtenido por primera vez la mayoría absoluta en la Cámara Alta, que se renueva a razón de un tercio cada tres años, pasando a tener el control total del poder local. Con el Senado a su favor, la oposición va a disponer de un instrumento que si bien no podrá vetar los textos gubernamentales –ya que la última palabra la tiene la Asamblea Nacional, donde los conservadores son mayoría–, sí va a poder obstaculizar el trámite parlamentario de ciertas leyes. Además, al igual que sucede en la Cámara Baja, podrían incomodar al Gobierno con comisiones de investigación sobre alguno de los turbios casos que lo salpican.

La primera víctima del cambio será la famosa «regla de oro» sobre el equilibrio presupuestario que Sarkozy pretendía inscribir en la Constitución, y a la que va a tener que renunciar al no poder obtener la mayoría cualificada de tres quintos entre las dos cámaras.
Este triunfo supone para el Partido Socialista un primer paso hacia la reconquista del poder nacional. «Es más que una derrota, es un traumatismo para la derecha. Es, en cierto modo, premonitorio de lo que va a suceder en 2012», pronosticaba el candidato a las primarias socialista François Hollande.

Desde el otro lado del tablero, la pérdida del Senado se interpreta como una seria advertencia hacia una mayoría gobernante liderada por el jefe del Estado y que empieza a fisurarse. De ahí la llamada del primer ministro, François Fillon, a la unidad. Un mensaje a centristas y otros elementos díscolos (Dominique de Villepin, etc.) con tentaciones de seguir rompiendo la estrategia unitaria que llevó a Sarkozy al poder en 2007, y que ahora podría complicar su reelección.

Una batalla áspera
Pese a su derrota, la UMP no se resigna a abandonar la Presidencia del Senado, que hasta ahora ocupaba el conservador Gérard Larcher, que se presenta a su reelección. Su candidatura se enfrenta a la del socialista Jean-Pierre Bel, contra quien podrían jugar los votos de algunos grupos centristas pese a la mayoría de la izquierda. La «tercera vuelta» de estas elecciones decidirá este fin de semana si un socialista se convierte en el «número dos» del Estado francés.