El Atlético se asusta (2-1)

Dos goles de Reyes, dos disparos clavados en la escuadra del portero del Stromsgodset animaban al Atlético a pensar en una vida mejor. El rival, un desconocido equipo noruego, no parecía capacitado para la remontada dentro de una semana por mucho que lleve jugada media liga, su campo sea minúsculo y juegue en césped artificial

El delantero del Atlético de Madrid, José Antonio Reyes (de espaldas), celebra con sus compañeros su segundo gol frente al Stromsgodset
El delantero del Atlético de Madrid, José Antonio Reyes (de espaldas), celebra con sus compañeros su segundo gol frente al Stromsgodset

Los dos precisos pases de Reyes a la red eran un motivo para la esperanza. Y lo acompañaban algunos más, como el regreso de Forlán, con las mismas ganas de siempre, aunque le faltara el gol. Y el buen fútbol de Adrián, un delantero al que sólo le falta saber que su oficio termina en la portería contraria.

Los tres se juntaron para armar el primer gol. Un pase de Forlán que Adrián bajó con el pecho dentro del área y dejó a Reyes de cara para que rematara con el interior. Un tanto para olvidar una desastrosa primera mitad en la que el Atlético sólo tuvo el dominio de la pelota. Pero nada más.

Adrián enseñó sus virtudes, una buena técnica, buen movimientos y un buen pase. Lo repitió en el segundo gol. Otro pase a Reyes, una repetición del primero. Y el Atlético no se preocupaba de que sus delanteros sean tan extraños. A Forlán, que es un goleador, le gusta más sacar los córners que rematarlos. A Adrián le cuesta menos dar un pase que disparar bien. Pequeñas curiosidades que les hacen más entrañables ahora que Forlán ha dejado de ser un mercenario para volver a ser uruguayo. Los insultos se los llevan Agüero y De Gea, pero Manchester está muy lejos para que los puedan oír.

Con todo a favor, y sin que nada, aparte de esos tres futbolistas, invitara al optimismo, el equipo no tardó en regresar a la realidad. Descubrió que Miranda tiene costumbres demasiado parecidas a las de Perea. Y el brasileño terminó expulsado por una falta al borde del área. Quedaban diez minutos y ya no estaba Forlán, agotado. Entró Perea, que fue uno de los pocos que estuvieron despiertos para intentar evitar el gol de los noruegos. Pero fue imposible. Marcó Storflor. Y el Atlético se asustó.