Fotografías desde el corazón de la tierra

Dónde: Foto Colectania y Fundació Suñol. Cuándo: Hasta el 16 de junio. Cuánto: Entrada gratuita.

BARCELONA– El hombre ha hecho del mundo un inmenso decorado donde representar todas sus miserias y grandezas. Desde el pequeño pueblo semiabandonado en la falda de una montaña a las ciudades hiperpobladas de rascacielos y megaconstrucciones, todo es puesta en escena y simulación y juego y drama y tragedia. La fotografía ha documentado esta comedia humana mejor que nadie, porque detiene el drama, en silencio, sin el ruido que todo lo perturba. Al menos esa es la tesis de una de las mejores exposiciones de fotografía de los últimos años, «La morada del hombre. Fotografías de la Colección Martin Z. Margulies».

165 obras y 50 genios
La Fundación Foto Colectania y la Fundació Suñol comparten una muestra que reúne 165 obras de 50 grandes maestros de la fotografía, de Walker Evans a Dorothea Lange, Ed Ruscha, Lee Friedlander, William Eggleston, Roni Horn, Andreas Gursky, Helen Levitt o Spencer Tunik. Comisariada por Régis Durand, la exposición está dividida en tres secciones, las dos primeras organizadas en Foto Colectania y la tercera en la Fundació Suñol, cada una con su particular manera de mostrar cómo el hombre se ha adaptado e inmiscuido en el mundo.

La primera sección relaciona dos términos: construir y habitar, y aparecen instantáneas en que las personas son circunstanciales, a penas visibles y donde dominan los grandes paisajes desolados. En este apartado destacan obras de Ed Ruscha, como esas gasolineras fantasmales que con el tiempo se han transformado en imágenes icónicas.
El segundo ámbito analiza las distintas maneras que tienen los seres humanos de enfrentarse a la vida, desde el trabajo hasta su relación con los demás o en sus momentos de ocio. De esta parte destacan los retratos costumbristas de Walker Evans y Dorothea Lange, la Nueva York menos imperial de Berenice Abott, con sus habitaciones de hotel vacías o los retratos de niños en las calles de Helen Levitt.

La tercera y última parte busca el lado más simbólico de la fotografía y refleja espacios desolados o grandes paisajes vacíos que intentan transmitir estados de ánimo. Entre otros, destacan las obras del sueco Olafur Eliasson o las instantáneas de superficies acuosas de Roni Horn.