«Crucé la vía junto a mis dos hijas»

Agustina de Jesús recuerda cada segundo de la trágica noche del 23 de junio de 2010. Junto a sus dos hijas mayores, Ligia, de 26 años, y Ebielin, de 24, y unos amigos decidieron ir a pasar la noche de San Juan a la playa de Castelldefels.

Hoy a las 9.00 horas los familiares de las víctimas realizarán una ofrenda floral y celebrarán una misa
Hoy a las 9.00 horas los familiares de las víctimas realizarán una ofrenda floral y celebrarán una misa

«Salimos del tren a empujones, ya que iba lleno de gente, y como vimos que el puente estaba cerrado decidimos todos cruzar las vías. Estaba oscuro y éramos muchos, yo iba con mis hijas», dice mientras hace una pausa con un largo suspiro. «Al oír que llegaba otro tren corrimos todos, sentí un fuerte golpe en mi rodilla y me arrastré, oía gritos, caos» . Un largo silencio reemplaza sus temblorosas palabras. «Dos chicos, Mauricio y Jorge, que iban con nosotros, fallecieron».

«Doy gracias por estar viva»
Agustina fue una de las supervivientes del accidente en el que murieron siete jóvenes ecuatorianos, dos colombianos, dos bolivianos y un rumano la pasada verbena de San Juan en la estación de tren de Castelledefels Playa cuando centenares de personas cruzaron las vías al ver el paso subterráneo lleno y el puente cerrado. Su pierna derecha quedó destrozada. «Más que herida, el accidente me dejó casi inválida», dice Agustina de 47 años y con un 33 por ciento de invalidez. «Me rompí la tibia y el peroné, perdí masa muscular, soy coja, pero doy gracias a Dios cada día por estar viva, mis hijas y yo», explica la mujer, que no ha recibido ninguna compensación económica ni ayuda piscológica. «Sólo quiero vivir como antes», dice.

«A medida que pasan los días te das cuenta de las secuelas psicológicas que me dejó el accidente», lamenta. «Cuando menos te lo esperas la pesadilla te viene a la cabeza», añade. «Me he visto obligada a volver a subir a los trenes porque no hay más remedio ya que vivo en La Llagosta, pero cada vez que subo a un tren recuerdo todo», confiesa. Agustina trabajaba como manipuladora de expositores de cartón. «Ahora no puedo trabajar, la seguridad social me da 439 euros al mes por mi invalidez pero me estoy volviendo loca para pagar el piso, el agua, la luz. Esta situación me mata», dice desesperada. «Yo no pido nada, lo único que quiero es que nos den una explicación de lo que sucedió» añade.

«Llevo 10 años viviendo en Cataluña, voy en tren y el autobús cada día y nunca antes había cruzado las vías. Nosotros sabíamos por qué cruzamos esa noche», justifica. Atribuye cruzar las vías a que «faltaba seguridad», algo que sí habrá hoy. El Ayuntamiento, los Mossos, la Policía local, los servicios de emergencia y Renfe han organizado un amplio e inédito dispositivo de vigilancia en el que 40 efectivos vigilarán que la gente cruce por donde debe. Eidy Ayala celebra la noticia, ya que la verbena del año pasado también marcó un antes y un después en su vida. Su hijo Jesús David Parada falleció en el accidente.

«Sólo pedimos a las autoridades que esto no vuelva a suceder, allí faltaba seguridad y esto lo tendrían que haber hecho siempre», lamenta la mujer, madre de 4 hijos. «También falló la señalización, ya que en esa estación había muchas cosas nuevas, mucha gente y nadie indicaba por dónde ir», añade triste en el primer aniversario de la muerte de su hijo. «Desde que nos entregaron a nuestro hijo, no hemos recibido ninguna llamada», asegura. «Vemos esperanza en el juicio para que cosas que no se dijeron entonces, salgan ahora a la luz», considera.

La Audiencia de Barcelona reabrió en enero la causa judial que el 14 de julio iniciará el proceso con la declaración de nuevos testigos. «El juez de entonces no escuchó a ninguno de los supervivientes y en un mes cerró la investigación», recuerdan los letrados de las familias de las víctimas y de los heridos, Andreu Van den Eynde y Libri Ahumada. «Esperamos que se demuestre que más allá de la imprudencia, había un riesgo evidente de atropello», consideran abagados que insisten que las familias «sólo quieren una explicación». Blanca Paola aún se lamenta porque su marido, que sobrevivió a la tragedia de Armero en la erupción del volcán Nevado del Ruiz (Colmbia) que acabó con la vida de 20.000 personas, perdió la vida hace una año atropellado por ese «maldito tren de la muerte».