Sevilla

Crónica negra: Teoría del Copicat

Entierro de una mujer asesinada en Sevilla por su pareja a principio de junio
Entierro de una mujer asesinada en Sevilla por su pareja a principio de junio larazon

Los asesinatos de mujeres repuntan con cifras que producen escalofrío. En lo que llevamos de año hay al menos 32 víctimas mortales, de las que sólo cinco habrían denunciado a sus maltratadores. Sube ligeramente la edad de las víctimas y se extiende la intriga de si cada mujer que se siente amenazada por su pareja o ex pareja debe denunciar, sabiendo que ése es el momento de mayor peligro. El Ministerio de Igualdad y Miguel Lorente, el delegado del Gobierno contra la violencia de género, insisten en su mensaje de que lo conveniente es denunciar a toda costa, incluso cuando está comprobado que por desgracia las autoridades no pueden garantizar la seguridad de todas las maltratadas. Los hechos son los siguientes: no hay policía suficiente, ni la habrá, para poder garantizar protección constante contra toda mujer que se sienta perseguida. Los medios telemáticos no son de fiar y de hecho hay muchos juzgados que no los utilizan. Así que las pulseritas que han costado un riñón duermen el sueño de los justos en sus cajas. La política que se lleva desde el Gobierno no es la adecuada, puesto que no reduce de forma constante la aparición de casos de homicidio entre parejas. Incluso insiste en una fijación sesgada: considerar la violencia en la pareja como una agresión de género cuando forma parte de algo más amplio: la violencia doméstica, la violencia contra la mujer, contra los niños, contra los hombres y los ancianos que ejercen los miembros más poderosos de las familias, unos contra otros. Y eso que el Ministerio de la Desigualdad no computa las muertes de varones a manos de mujeres homicidas, un fenómeno que está ahí y que crece ante la mirada de pollino de los servidores políticos.Los hechos son los que llevan al delegado del gobierno de la cosa a defender una curiosa teoría cuasi esotérica en la que establece la «repetición e imitación en los crímenes machistas». En primer lugar y sin ningún estudio de campo, el señor Lorente Acosta establece que toda muerte en pareja es un acto machista, pero esto no es así y hay matices en los que podrían revelarse actuaciones por resentimiento, por venganza e incluso por cansancio. En cualquier caso, nada tan insuperable como el planteamiento científico: «La historia –dice don Miguel– se repite cuando el devenir de acontecimientos diferentes conduce a hechos similares, pero cuando hechos distintos aparecen de la misma forma a lo largo de la historia, las similitudes, más que una repetición, se deben a factores de imitación. En otras ocasiones la situación es más sencilla, y no es que la historia se repita: simplemente que no cambia». Bueno, ya está: todo explicado. El delegado viene a decir que las muertes machistas se producen porque unos imitan a otros, aunque el planteamiento de su teoría no permita inferirlo. ¿De dónde sale esta conclusión? De la mera observación y experiencia. Por el hecho de que hay una muerte y horas más tarde se produce otra, o dos de ellas. ¿Por qué diría el señor delegado que no hay cinco ni seis crímenes seguidos y se paran en la segunda o tercera muerte? La cosa, pues, es poco científica, pero el señor Lorente no tiene empacho en decir que «la violencia de género ha necesitado de estos tres elementos (los relatados arriba) para resistir a lo largo del tiempo sin levantar una crítica frontal». No hace falta más para colegir que esto no es un artículo científico, sino las declaraciones atropelladas de un político desbordado por la denominada «violencia de género». Miguel Lorente es médico forense y fue designado delegado del Gobierno contra la violencia de género, entre otras cosas por un libro que lleva en su portada una frase que en nuestra Andalucía se dice mucho: «Mi marido me pega lo normal». Pero sí debemos decir que él es responsable, si no de elegir, sí de ejecutar una política errónea que no disminuye la violencia de género e incluso podría demostrarse que en algunos aspectos es capaz de aumentarla. El año pasado hubo muchas menos muertes, según las épocas de recuento, y muchas más mujeres que denunciaron. El ciclo de este año, con la coincidencia del azar no se ajusta a las expectativas del Ministerio al que ha cogido con el pie cambiado. El delegado ha salido a «porta gayola» a hacer un quite con la «teoría del Copicat».

La violencia no se copiaEl anglicismo es una película de Hollywood protagonizada por Sigourney Weaver, en el papel de «delegada del Gobierno contra los asesinos en serie». La Weaver es una doctora que ha detectado un criminal que copia a los clásicos: el estrangulador de Boston, el carnicero de Milkwaukee, Ted Bundy y mata como ellos. Es un buen guión, pero no está basado en la realidad. Los homicidios rara vez se copian. De tarde en tarde sale un imitador, un estrangulador mimético, un destripador lejanamente inspirado… Pero la violencia doméstica se reproduce, estalla, surge, no se copia. No hay nada que lo demuestre, excepto la desesperación de justificar un comportamiento que se aleja de las previsiones del Gobierno.