Emigrar por Cristina López Schlichting

La Razón
La RazónLa Razón

Ahí estamos ¿por qué no? La Historia siempre se repite y lo que creíamos imposible está de nuevo aquí. En los años en que coger un avión para cruzar al Caribe era un capricho al alcance de cualquiera, o cuando tener un segundo coche resultaba indispensable para la familia, pensar en que volviesen las emigraciones de los españoles al extranjero de los años cincuenta y sesenta nos daba risa. Ahora tengo una lista de conocidos que lo han hecho o lo están planeando y yo misma repaso con interés las cifras de crecimiento económico de los países, no vaya a ser que convenga dar un salto. El paquete más afortunado de emigrantes españoles es el de los universitarios jóvenes, que se están colocando a mansalva en Alemania, Gran Bretaña o Canadá, todo depende de la lengua que dominen. En esos países la oferta laboral para personas cualificadas académicamente es respetable. Cuando se trata de profesionales en ejercicio, gente de treinta y tantos a cincuenta, el horizonte natural del español es Hispanoamérica. Hay cuatro países en crecimiento imparable que constituyen ahora un buen hogar: Chile, Perú, Colombia y Ecuador. Tampoco México es mal destino, si uno está dispuesto a lidiar con altas tasas de delincuencia e inseguridad. Quienes han tenido cuidado de aprender chino (conozco varios jóvenes y algún que otro adulto, a veces por matrimonio) ya se han colocado en el gigante asiático. Tengo un primo lejano que enseña derecho comunitario en la Universidad de Shanghái, toma ya. Los académicos muy cualificados parecen tener la mayor facilidad a la hora de elegir destino. Uno de mis amigos sale ahora para Finlandia, a enseñar en otra universidad. Pero definitivamente la gran ventaja de los españoles en este momento de salir al mundo es el idioma. Más de media América habla nuestra lengua y aprecia el acento de la Península. Eso facilita el trabajo al otro lado del mar de periodistas, editores, diseñadores y, por supuesto, todo tipo de profesionales menos dependientes de la expresión oral. Las empresas de libros y las revistas están abriendo filiales en los países sudamericanos porque aquí ya no se comen una rosca. En estos momentos de apertura al mundo, cuando aprietan las circunstancias nacionales, se pone de manifiesto cuán estúpida ha sido la política autonómica encaminada a las peculiaridades locales y los idiomas menos hablados internacionalmente. Ahora es más rico el que mejor habla castellano, inglés o chino. El que conoce la geografía internacional y la historia del mundo, no la flora y la fauna de su autonomía. Ojalá que estos años duros y de tanto desarraigo y esfuerzo como nos esperan en el exterior, nos enseñen dentro a recuperarnos de formas de ver las cosas miopes y mochas, obcecadas en la ideología y carentes de fidelidad a los imperativos de la realidad.