Sergio vuelve a disfrutar

Sergio Rodríguez se marchó a la NBA en busca de un sueño, que acabó convirtiéndose en una pesadilla. El base alegre e imaginativo que surgió de la cantera de Estudiantes nunca fue comprendido en Estados Unidos y después de varios años intentándolo ha decidido volver a casa

Sergio Rodríguez y Nando de Colo luchan por hacerse con el control de la pelota durante el partido de ayer en Madrid
Sergio Rodríguez y Nando de Colo luchan por hacerse con el control de la pelota durante el partido de ayer en Madrid

El aterrizaje en el Real Madrid y en la ACB ha sido complicado para él, pero después de mucho tiempo su sonrisa es más habitual que las lamentaciones sobre la cancha. El base vuelve a sentirse importante y feliz botando la pelota, anotando y haciendo jugar a sus compañeros. En cuartos de final fue decisivo con trece puntos en el último periodo, el mismo en el que ayer volvió a regalar algo de la «magia» que le sirvió para jugar en la mejor liga de baloncesto del mundo. Una asistencia «imposible» a Fischer dio paso a la fiesta madridista, después de muchos minutos temiendo que el Valencia acabara otra vez con la ilusión de un equipo que ha olvidado lo que es ganar la Copa.

Después de ganar al Power Electronics, Rodríguez se fue de la pista del Palacio de Deportes corriendo, dando saltos, todavía disfrutando de lo que acababa de protagonizar. Estaba tan eufórico como Messina, que celebró alguna de las últimas canastas como el más fiel de los hinchas: «Yo soy como un palestino. Me llegan las bombas, las aguanto y disfruto», dijo el italiano acerca de las críticas que recibe desde la Prensa. Sobre el partido, destacó por encima de todo a sus chicos: «El gran trabajo de levantar la moral del equipo no ha sido mío sino de los jugadores que han estado en pista el tercer cuarto, porque era muy fácil perder el partido en aquel momento. No se han rendido, ni bajado los brazos en ningún momento», reconocía Ettore, que hoy volverá a disputar una final: «Quiero felicitar a mi equipo por la final a la que hemos llegado, porque para muchos va a ser la primera. Yo soy como un abuelo y espero que mañana (por hoy) puedan disfrutar y competir, como han hecho cuando parecía que era imposible ganar».

Svetislav Pesic, que ha cambiado la cara del Valencia desde su llegada al banquillo, lamentó las numerosas pérdidas de balón de los suyos: «Si se pierden 25 balones no se puede jugar, se pierde confianza, ritmo de ataque... y eso fue lo que nos pasó».