Tres toques pueden más que veinte

El Arsenal se hace mayor, se ha cansado de su complejo de inferioridad con el equipo al que admira y al que quiere parecerse y por primera vez en su historia fue capaz de doblegar al Barcelona. Un Barcelona bueno unos momentos y desconcertante otros, que ha perdido algo de chispa y le cuesta

El Barça se deja remontar por el Arsenal (2-1)
El Barça se deja remontar por el Arsenal (2-1)

No ofrece la naturalidad de hace unas semanas, falla algunos pases de más, Messi ha perdido eficacia y todo ello le hace sufrir. El 2-1 no es malo para el equipo español, queda la vuelta, pero el Arsenal ha demostrado que no es el grupo del año pasado, que esta vez es más duro y tiene posibilidades reales de tomar el Camp Nou y sentirse grande por fin. Que puede plantar cara a su hermano mayor, como hizo ayer.

No se empequeñeció ni con el gol en contra que recibió. La línea del Arsenal tenía un elemento discordante. Clichy estaba un metro más atrás que sus compañeros, era el que hacía buena la posición de Villa cuando el asturiano encaró la portería después del pase de Messi. Como suele pasar en estas ocasiones, Clichy fue quien pidió fuera de juego, por si colaba, pero el juez de línea, vestido de blanco, como el árbitro (¡qué horror!), se quedó quieto y el «Guaje» pudo romper el marcador con un disparo raso por debajo de las piernas de Szczesny.

La jugada arrancó al límite y terminó al límite. En realidad, el partido se jugó al límite en una magnífica primera parte entre dos equipos plagados de jugadores imaginativos, que susurran a la pelota, que la doman. Dos equipos con el mismo estilo, por lo que uno de ellos tenía que renunciar ayer a él. A los dos les gusta dominar, pero la posesión fue mayoritariamente del Barça y el Arsenal tuvo que buscar los contragolpes. Tampoco le importó. Se adaptó bien porque con futbolistas tan buenos como Cesc, Nasri o el joven Wilshere, genial, una contra significa espacios y los espacios suelen ser sinónimo de oportunidades claras. Van Persie tuvo la primera tras una galopada de Walcott, un tiro, una bala con la pelota en los pies.

La réplica la tuvo Messi en un mano a mano clarísimo. Amagó, Szczesny se fue al suelo, y cuando el gol se cantaba, el disparo se marchó fuera. La acción llegó con el Barça más sereno después de un comienzo en el que el Arsenal había sido el amo de la pelota. Con ella comenzó el dominio español. Un toque, otro, otro, vuelta a empezar cuando no salía la jugada, presión cuando perdían la pelota en zona muy avanzada y sufrimiento cuando el robo era en zona de tres cuartos. Porque los «gunners» esperaban al Barça al principio y apretaban a partir del centro del campo. Cuando se hacían ahí con el balón, salían como un tiro y cogían al equipo azulgrana partido y sin posibilidad de organizar esa presión que tanto daño hace. El Arsenal se plantaba en la portería de Valdés en tres toques, el Barça lo hacía en 20, 30 o más. Y ayer tres pudieron más que veinte. La velocidad del Arsenal pudo con el control y los pases a la espalda del Barcelona. En la fantástica primera mitad Villa marcó la diferencia y Messi no encontró el gol, lo mismo que Van Persie. Leo no está fino.

Con el 0-1, la segunda parte parecía cómoda para el Barça. Con el resultado a favor puede jugar sin prisas, dormir el partido, pasarse el balón hasta aburrir al contrario. Pero el balón en ese comienzo, como en el del primer tiempo, fue del Arsenal. El Barça superó el arreón, pero le faltó presencia en el área y precisión porque tampoco tenía la pelota tanto como deseaba. Sólo al final los azulgrana apretaron de verdad, ya a la desesperada, ya cuando su rival había dado la vuelta al resultado en cuatro minutos.

Llegó la hora de los valientes y Wenger apostó por el ataque: quitó a Song para que entrara Arshavin. No había centrocampista de contención. Ni falta que le hizo. Curiosamente el Arsenal no remontó con la posesión de balón. Ayer fue una muestra de que hay más caminos para jugar bien. Van Persie empató con un tiro sin ángulo en el único despiste de Valdés, que dejó libre el palo que tenía que cubrir. El 2-1 fue una obra de arte de rapidez y precisión: con el balón jugado desde atrás, pero siempre vertical, de Cesc a Nasri, que regateó a Keita y centró para que Arshavin firmara la victoria con un disparo de calidad. La precisión en la segunda parte fue del Arsenal y la eliminatoria queda en el aire. La heroica del Barça no sirvió para facilitar la vuelta. El equipo de Guardiola se perdió en la segunda mitad y tiene que encontrarse.