Pujol y el «peix al cove»

El ex president relata en el tercer volumen de sus «Memòries» sus pactos con González y Aznar. Ambos le propusieron entrar en el Gobierno

BARCELONA- A CiU muchas veces se le ha acusado de practicar una política de «peix al cove», una definición que Jordi Pujol afirma que es «errónea y también injusta» porque «en todo momento hemos actuado teniendo presente una idea y un proyecto de país que iba mucho más allá de los logros concretos que podíamos obtener en un momento dado». Para el ex presidente de la Generalitat la expresión significa «ir consiguiendo cosas concretas previstas en el programa y que van configurando el proyecto global. Es decir: "No es todo lo que queremos, pero es lo que tenemos de momento"».
En el tercer volumen de sus «Memòries», que salen a la venta el día 23, tienen especial interés su apoyo a los gobiernos de Felipe González y José María Aznar, aunque también incluye el relevo en Convergència a favor de Artur Mas y su visión demoledora del tripartito y el error del Estatut. El periodista Manel Cuyàs ha sabido relatar con destreza los hechos relevantes de estos años capitales en la política catalana y española, con una Europa en construcción como telón de fondo.

La oferta de González
Cuando los 17 diputados de CiU se convirtieron en determinantes en 1993 para el PSOE, Felipe González citó a Pujol en la Moncloa el 24 de junio. La festividad de San Juan no frenó el encuentro en el que Pujol descartó la entrada de CiU en el Gobierno «pese a la insistencia del PSOE y también de diez empresarios catalanes que vinieron a verme y a pedírmelo».
No entrar en el Ejecutivo no significaba negarle el apoyo, a cambio de abrir la puerta a una lectura autonomista de la Constitución, lograr la cesión del 15 por ciento del IRPF, abrir el debate sobre la financiación y blindar el catalán. La lengua catalana ha sido una reivindicación constante de Pujol, tanto con González como después con José María Aznar, porque entiende que es «la máxima expresión de un país».
Pero el PSOE se iba quedando solo. Luis Roldán en la cárcel, los GAL, el CESID… la situación se hacía insostenible, aunque Pujol aguantó bastante porque Pedro Solbes, ministro de Economía, daba los pasos para entrar en el euro y «el PP no presentaba una política económica con garantías». Finalmente, el 7 de septiembre de 1995 envió una carta a González que suponía el fin del apoyo, ya que no iba a votar los Presupuestos Generales del Estado, y le sugería un adelanto electoral. Además, pedía el retorno de los «papeles de Salamanca» que, como todo el mundo sabe, llegaron 15 años después.

El cambio
«Perderemos pero por poco». Se lo comunicó González un día antes de las elecciones del 3 de marzo de 1996. Una semana después, el socialista le dijo en una reunión secreta en un chalé del CESID que no iba a buscar un gobierno de coalición a modo de olla de grillos, sobre todo, porque «no quería pactar con los comunistas». Por eso, le pidió que se «entendiera» con Aznar, en pro de un Gobierno estable para entrar en el euro y consolidar la recuperación económica.
El primer encuentro con Aznar fue el 17 de marzo en la casa de Rodrigo Rato en Carabaña y el presidente popular defendió que el sistema autonómico permitía «una mayor singularidad catalana». Pujol le pidió las competencias de tráfico y la caja de la Seguridad Social, además apuntó que Alejo Vidal-Quadras, por «ir contra la convivencia» en Cataluña, había mermado las posibilidades de un acuerdo.
La segunda reunión tuvo lugar en casa de Fernando Ballvé en Madrid y ahí Pujol puso una condición irrenunciable: ni atacar ni discutir la política lingüística de la Generalitat y apostar por la unidad de la lengua en Cataluña y Comunidad Valenciana. Ahí, según el libro, Aznar medió con Eduardo Zaplana para que ambos se entendieran.

El pacto del Majestic
Las conversaciones culminaron en el archiconocido pacto del Majestic, «un pacto bueno con escenificación excesiva», según Pujol, quien hace un buen balance, primero porque la política económica permitió entrar en el euro, y, segundo, porque los frutos no tardaron en llegar. Los Mossos pasaron a gestionar el tráfico, se suprimió el servicio militar obligatorio y, sobre todo, se pasó de la «actitud agresiva» de Vidal-Quadras, a Josep Piqué «del ala catalanista». Pujol insistió en ampliar el techo autonómico sin redactar un nuevo Estatut, como después ocurriría con Pasqual Maragall como president.

Aznar, segundo Gobierno
El ex president relata que no había alternativa a colaborar porque «gobernábamos Cataluña» y el resultado «fue positivo en infraestructuras», como el AVE o el sincrotrón, pero Pujol considera que Aznar tenía una «actitud hostil» hacia Cataluña.
En una reunión el 25 de octubre de 2001 en una finca del Estado en Montes de Toledo Aznar le planteó entrar en el Gobierno con ministerios importantes, pero Pujol consideró que quería acabar «conquistando Cataluña a través nuestro». Al nacionalista le dolió la respuesta del presidente a su petición de llevar el «CAT» en las matrículas del coche. Aquello acabó, según Pujol, «con la relación frustrante que suele haber entre Cataluña y España».


«Memòries»
Jordi Pujol
Proa
330 páginas, A la venta el 23 de febrero