Putin recoge el guante populista de Yeltsin para ganar las elecciones de 2011

El primer ministro ruso, Vladímir Putin, anunció esta semana dos medidas de claro cariz populista con la vista puesta en las elecciones de 2011: el mayor programa de privatizaciones en diez años y la prohibición de exportar cereales.

Putin adopta medidas populistas para frenar el descontento de los rusos
Putin adopta medidas populistas para frenar el descontento de los rusos

El objetivo de la privatización es contrarrestar el déficit del presupuesto, que se mantendrá en números rojos durante el próximo lustro, según las previsiones, y recaudar dinero para llevar a cabo los programas sociales.

La prohibición de exportar grano busca impedir un aumento de los precios de productos básicos, ya que la peor sequía que se recuerda redujo en un tercio (más de 30 millones de toneladas) la cosecha.

En ambos casos, Putin busca frenar el aumento del descontento entre los rusos, con los que suscribió hace años un tácito contrato social por el que la ciudadanía acalla sus demandas de reforma política a cambio de una progresiva mejoría en su nivel de vida.

Sin embargo, últimamente éste no es el caso, ya que el desempleo aumentó drásticamente en los pasados dos años, mientras la inflación ha disparado el coste de la vida y devaluado el poder adquisitivo del ruso medio.

De hecho, la mecha para el estallido de protestas en las regiones donde la caída de la producción de las fábricas representa una hecatombe para muchas ciudades está lista para que los comunistas y la oposición no parlamentaria la encienda en cualquier momento.

Su popularidad, por los suelos
Putin, que aún no ha confirmado si seguirá al frente del Gobierno o retornará al Kremlin en los comicios presidenciales de 2012, no puede permitir que su popularidad siga cayendo, ya que está en uno de sus niveles más bajos desde que llegó al poder en 1999.

La campaña populista comenzó en agosto durante la temporada de incendios que arrasaron un millón de hectáreas de bosques y devoraron pueblos enteros, con viajes a las zonas afectadas, que fueron más efectistas que productivos.

Según la prensa, Putin aprobará antes de que termine el año un ambicioso programa de privatizaciones, el mayor desde el siglo pasado, de cerca de un millar de activos estatales por valor de 42.000 millones de euros.

Tantos años acusando al primer presidente ruso, Borís Yeltsin, de vender las riquezas estatales al mejor postor y ahora Putin recurre igualmente a las privatizaciones para equilibrar la cuentas. El Estado ruso incrementó notablemente su presencia en las grandes corporaciones tras la caótica privatización de los activos estatales que siguió a la caída de la Unión Soviética en 1991.

La privatización postsoviética empobreció a la población y creó una nueva clase de ricos, conocidos popularmente como oligarcas, que se hicieron con el control de las principales compañías del país. Ahora, entre los activos más apetitosos del programa de privatizaciones figura el 15 por ciento de la mayor petrolera rusa Rosneft y un 25 por ciento de Ferrocarriles de Rusia.

El Estado ruso también se plantea vender un 10 por ciento de Vneshtorgbank (VTB) por "al menos 3.000 millones de dólares"antes de que termine el año, operación que acaba de recibir el visto bueno de Putin. Además, venderá, como mínimo, un 9,3 por ciento de Sberbank, donde el Banco Central ruso controla un 60,3 por ciento de las participaciones.

El viceprimer ministro, Ígor Shuválov, explicó que el proceso de privatización se prolongará durante varios años y que el Estado podría renunciar, en algunos casos, a conservar un paquete de control.

Exportación de cereales
También esta semana Putin firmó una disposición gubernamental que prolonga hasta el 1 de julio de 2011 la prohibición de exportar cereales. "Por ahora habrá que renunciar a la exportación de grano. La prioridad debe ser la estabilidad de nuestro mercado interno y la reserva alimentaria para el ganado", señaló. La medida, que ha provocado inquietud en los mercados internacionales, afecta al trigo, centeno, cebada, maíz y a la harina de trigo y de centeno, pero no al arroz.

Los sindicatos agrícolas pidieron en vano al Ejecutivo que no impusiera la prohibición, los países importadores comenzaron a buscar alternativas y los productores alertaron sobre una inmediata alza de los precios de los alimentos.

Putin confirmó que la cosecha rondará este año las 60 millones de toneladas, es decir, más de 30 millones de toneladas menos que en 2009 (97 millones), aunque descartó la importación de grano. Según el ministerio de Agricultura, las necesidades rusas son de 77 millones de toneladas, mientras que las reservas estatales de grano ascienden a 26 millones.

A la vista de estas cifras, algunos analistas consideran que Rusia aún estaba en posición de cumplir con los contratos de exportación, pero Putin ha preferido no arriesgar. El primer ministro reconoció que el Gobierno ha tenido que asignar una gran cantidad de dinero en ayudas a productores y campesinos, puesto que era la única forma de evitar que se dispararan los precios del pan y la harina.