El Amargo jubileo de Isabel II

Doña Sofía no acudió, pero ni Buckingham Palace ni el Gobierno británico hicieron comentarios

LONDRES- No hubo pompa real, ni tampoco público concentrado a las puertas de Palacio con banderas a la espera de conseguir alguna foto. La reina Isabel II celebró ayer sus 60 años en el trono británico con una jornada marcada por la sobriedad y la polémica. Representantes de las monarquías de 26 países de todo el mundo acudieron hasta el Castillo de Windsor para almorzar con la homenajeada y su marido, el duque de Edimburgo. Se trataba de la mayor concentración de monarcas reinantes de la última década, desde el Jubileo de Oro de la soberana británica en 2002, pero las críticas recibidas por invitar a los representantes de países como Baréin, Suazilandia o Arabia Saudí empañaron un día que estuvo todo el tiempo con el cielo encapotado.

Al acto no asistió Doña Sofía, después de que el Gobierno de Mariano Rajoy decidiese cancelar su visita por considerarla inconveniente en pleno conflicto pesquero con las autoridades de Gibraltar. La Casa Real española fue la única de las monarquías europeas que no estuvo presente.

De haber ido, Doña Sofía habría tenido que compartir mesa con el príncipe Eduardo, el hijo menor de la soberana, y su esposa, la condesa de Wessex -responsables de representar a Isabel II el próximo mes de junio en la visita al Peñón que ha desatado toda la tormenta- que sí acudieron al banquete. A ellos se unieron otros miembros de la familia real, como Guillermo y Catalina, muy populares un año después de su boda.

El príncipe Carlos, heredero al trono, y su mujer Camila fueron los grandes ausentes, ya que se encontraban ocupados con los preparativos de la cena que se ofreció posteriormente en el Palacio de Buckingham, a la que el rey de Baréin no acudió. Su ausencia no impidió que decenas de manifestantes de organizaciones pro Derechos Humanos se manifestaran en contra de la represión sufrida por la población de esa isla, en particular por la mayoría chií que, desde principios del año pasado, reclama reformas democráticas y una mayor integración frente al poder controlado por la minoría suní.

El Palacio de Buckingham no hizo comentarios por considerar el almuerzo como un evento «privado», mientras el Foreign Office precisó que todas las casas reales del mundo fueron invitadas -también de países no democráticos, reyes polígamos y monarcas destronados- porque no se trataba de un acto «político».

Por otra parte, la presencia en Londres del monarca de Suazilandia llevó el pasado miércoles a ciudadanos de este país residentes en el Reino Unido a concentrarse frente al hotel donde se iban a alojar Mswati III y su séquito, el lujoso Savoy, para recriminar al rey que, mientras gran parte de los 1,2 millones de suazíes vive por debajo del umbral de la pobreza, él sea la decimoquinta fortuna del mundo, según la lista de la revista «Forbes».