Con extensiones hasta en las pestañas

Adiós a los postizos de una noche. Para conseguir una mirada con mayor intensidad las «celebrities» recurren ahora a una técnica más duradera que prolonga el efecto hasta dos meses

Angelina Jolie en la imagen), Eva Longoria y Nicole Kidman lucieron estas extensiones en la reciente gala de los Globos de Oro
Angelina Jolie en la imagen), Eva Longoria y Nicole Kidman lucieron estas extensiones en la reciente gala de los Globos de Oro

No es casualidad que químicos y físicos trabajen conjuntamente, «becados» por las firmas cosméticas más potentes, a la búsqueda del producto 10, aquel que sea capaz de curvar, alargar y espesar las pestañas hasta el infinito; ni que los grandes maquilladores del mundo se esmeren en destacar esta parte concreta de la anatomía ocular. Tampoco es casual que 2010 haya sido el año de los tratamientos alargadores de pestañas –un nuevo segmento de la cosmética que no ha necesitado invertir en grandes campañas publicitarias ni contratar a celebrities de renombre para batir récords de venta–. Basta echar una ojeada a la alfombra roja de los pasados Globos de Oro para constatar que las pestañas han pasado a ser la piedra angular del rostro. Si las asistentes se hubieran puesto de acuerdo a la hora de parpadear rítmicamente, hubieran sido capaces de levantar una corriente de aire.

¿Postizos, máscaras milagrosas, tinte y permanente? No. Miraban a cámara con la seguridad que imprimen unas «lash extensions» bien fijadas, porque el 70 por ciento de las artistas estadounidenses y europeas son adictas a las extensiones de pestañas y no dudan en ponérselas antes de las citas importantes. Los directores de cine tienen mucho que agradecer a los coreanos –responsables de la introducción de esta técnica en Estados Unidos– porque la expresividad de sus actrices gana mucho cuando la mirada va enmarcada bajo unas buenas pestañas; ellas, por su parte, están encantadas y se ven «desnudas» cuando deben retirarlas.

Pero no hace falta que su código postal corresponda a algún distrito de Los Ángeles. A España –aunque es ahora cuando ha comenzado a popularizarse–, esta técnica llegó hace ya cuatro años de la mano de Mónica Ceño, directora de The Lab Room. Como explica a LA RAZÓN esta pionera, «en EE UU y el Reino Unido es de lo más habitual recurrir a las extensiones de pestañas y la técnica causa furor entre actrices del celuloide y demás mortales de fuera de nuestras fronteras –Uma Thurman y Jennifer López las llevan siempre– donde hay hasta ‘‘bares de pestañas'' en los que colocárselas sin cita previa». Lo más habitual es que se trate de extensiones totales, pero los llamados «tips», que sólo se colocan en la parte exterior del ojo para conseguir la famosa «mirada Audrey» también son habituales –son los que parece que luce Angelina Jolie–.

Inofensivo para el ojo

Cambie el chip. No tienen nada que ver con las pestañas postizas ni con los socorridos servicios de tinte y permanente. Como señala Mónica Ceño, «se trata de una técnica semipermanente que añade pestañas elaboradas a partir de un material sintético idéntico al de las reales, y que se pegan –de forma individual y con un pegamento especial y completamente inocuo para la salud del ojo–, a la raíz de cada pestaña natural. Su duración puede llegar a los dos meses, dependiendo del ciclo natural de cada pestaña». Lo mejor es que permiten prescindir de la máscara –con el consiguiente descanso que supone el no tener que desmaquillar los ojos a diario– y se diseñan a la carta. «Hay cuatro tallas básicas, pero la forma de colocación puede adaptarse a cada cliente. No se trata de un sistema que aporte volumen, ya que se fijan sobre la pestaña natural, pero vienen curvadas y teñidas de fábrica para intensificar las miradas más anodinas».

Si se decide a hacerse con una caída de pestañas de diseño, debe contar con dos horas libres en la agenda. Se trata de una técnica laboriosa –¡y bastante costosa!–. Ceño lo define como un tratamiento «high maintenance». La «puesta de largo» tiene un precio de 250 euros –en el que va incluido el primer retoque–. El mantenimiento, posterior, que debe realizarse cada mes y medio o dos meses, cuesta entre 75 y 150 euros. Eso sí, los «tips» pueden lucirse por sólo 50 euros. Desconfíe de los centros donde los precios sean mucho más bajos.

Esta técnica exige su tiempo y unas manos más experimentadas y el punto diferenciador entre una buena y una mala colocación es la duración de éstas y el hecho de que el ojo no debe notar nada raro. Si molestan, malo.

«Es imposible que se detecten, pero conviene descansar cada cierto tiempo para dejarlas respirar –seis meses sería el periodo máximo para llevarlas–. Algo que cuesta porque se trata de una de las técnicas estéticas que más adicción presentan. Es lógico, cuando caen de forma natural al cabo de ese tiempo y se acude al centro para que sean retiradas por el especialista, una se encuentra con una mirada pobre», añade la especialista.

Los colectivos médicos no se han pronunciado al respeto, pero como señala doctora Mª Teresa Gutiérrez Salmerón –Dermatólogo del Hospital Clínico Universitario de Granada y Vocal de la Academia Española de Dermatología y Venereología– «aunque el ojo es una zona delicada y los cirujanos siempre prefieren retirar las pestañas en lugar de cortar cuando operan en la zona, porque el posible que alguna no vuelva a crecer, no hay evidencia de que se trate de un tratamiento peligroso para las pestañas».


El arco del triunfo
Contundentes, bien marcadas, con un punto de insolencia… y bastante más gruesas que en temporadas anteriores. Las pinzas de depilar se despiden de los tocadores y las cejas recuperan una buena dosis de naturalidad. Las tendencias dan la razón a la actriz Brooke Shields –la única en no sucumbir al hilo imperceptible y Eva Villar, maquilladora Oficial de Chanel, está completamente de acuerdo: «Lo importante es aprender a respetar la forma natural y salvaje de la ceja y sustituir la depilación al uso por el pulido que lima manteniendo la forma». ¿Y qué pasa con aquellas cejas que abusaron de la cera y las pinzas ? No es una leyenda urbana, como señala la maquilladora: «La depilación continuada puede provocar que el poro se cierre evitando que el pelo vuelva a salir». No es de extrañar que para estar a la última muchas se vean obligadas a recurrir al lápiz delineador para engrosar el tamaño de sus cejas. En los Globos de Oro, las de Catherine Zeta Jones eran algo sospechosas.