Oliver Stone un regreso a las calles de Wall Street

Siempre le ha perseguido la polémica, y no le importa. El director presentó ayer en Madrid «Wall Street: el dinero nunca duerme», en la que retoma la historia del corrupto inversor Gordon Gekko (otra vez Michael Douglas), que ahora ha cambiado y tiene hasta su corazoncito

Más dinero. Shia LaBeouf, uno de los actores de moda en Hollywood, protagoniza junto a Michael Douglas la película

Muchos recuerdan aún con una mezcla ra- ra de sorpresa y pavor su anterior visita a Madrid. Fue en 2004, y venía a presentar «Alejandro Magno» junto con Colin Fa-rrell, otro que tal bailaba entonces, y Val Kilmer. Estaba aquella tarde muy «alegre», muy chistoso y revuelto. Ayer, sin embargo, un reposado y tan seductor como siempre Oliver Stone atendía a la Prensa en Madrid desde un hotel de lujo para hablar de su nueva película, «Wall Street: el dinero nunca duerme», o la continuación de la película que tanto revuelo formara allá por 1987, cuando las hombreras se dispararon y los sueldos de los tiburones financieros, también.

Rebelde, impredecible, arriesgado, brillante a ratos y controvertido siempre, el director de «Nacido el 4 de julio», «Platoon», «JFK: Caso abierto» y «The Doors» bebe zumo de tomate, cadena plateada al cuello, y come con ganas una especie de croqueta pequeña mientras sonríe a nosotras cuatro y habla de los motivos por los cuales decidía rodar esta secuela, aunque luego no lo deja nada claro, en fin; y por qué Gordon Gekko, el agresivo, ambicioso protagonista sin escrúpulos de la anterior producción, se ha convertido ahora en un tipo mucho menos peligroso: «Bueno, en la vida real también sucede, que cambias. Y la prisión transforma a las personas, esa experiencia, e irónicamente también ha cambiado Michael Douglas (que vuelve a encarnar este papel y al que Stone desea que sane pronto de la grave enfermedad que padece). Por sus hijos, los divorcios. Ahora es más un hombre de familia que en la anterior», comenta relajado y sonriente. Sonríe mucho hoy Stone.

Hacia Gekko siente una especie de respeto: «Lo veo como un reptil encantador, y en esta nueva cinta descubrimos que tiene algo de corazón, al menos, un poquito. Según te vas haciendo mayor, todos deseamos que alguien nos quiera, y él se estaba enfrentando al futuro solo. Me parece una película ésta más sabia sobre la vida, las relaciones humanas, y su tema central es la confianza a dos niveles: entre estas seis personas unidas por ciertos parentescos familiares y tres psicópatas financieros; y, en un nivel más amplio, la pérdida de confianza en la sociedad».Tras cumplir condena por fraude financiero, blanqueo de dinero y asociación ilícita, Gordon, otrora inversor corrupto y ambicioso, ya no es el rey de Wall Street. Y nadie lo espera fuera, ni su hija, que no quiere saber nada de él aunque su novio se dedique a casi lo mismo que papá. «No existe ningún plan para hacer una tercera película. Más que secuela, a mí me gusta llamar a estos dos filmes "sujeta libros". El primero arranca en la era Reagan y el segundo en 2008, cuando se produjo la mayor catástrofe financiera de la historia, en que vivimos una especie de infarto, de aviso grave que señalaba la existencia de problemas muy serios en el sistema, y espero que el ciclo abierto hace más de 20 años se cierre ya. Pero esto no se trata de un documental, las historias de los protagonistas, los sucesos narrados,son el telón de fondo».


Esplendorosa Nueva York
Uno de los mayores atractivos de la cinta son las increíbles vistas aéreas de Nueva York, donde transcurre: «Bueno, yo soy de allí, y Michael, y de la ciudad sale su cara más esplendorosa, la de la nueva arquitectura y el desarrollo financiero, no entramos en las zonas pobres, en la miseria. Además, adoro Nueva York, de manera que cuando tengo oportunidad de rodar allí quiero sacarle lo mejor».

Y sí, admite Stone que Javier Bardem le dio calabazas: «Le ofrecí el papel que encarna finalmente Josh Brolin, pero acababa de terminar un trabajo y lo rechazó porque iba agotado. Cuando vimos juntos la película me dijo que se alegraba de que hubiese elegido a Josh, que estaba muy bien», confiesa, y muerde otro canapé. En cuanto a proyectos venideros, no quiere hablar mucho, claro, como cualquier cineasta que se precie: «Tengo entre manos un documental que dura doce horas y que se llamará "La historia que nunca se contó de EE UU", se trata de un gran proyecto, el más ambicioso al que me he enfrentado jamás».

Amigo personal de Castro (a quien dedicó un rendido filme con bastante miga) y Hugo Chávez, reconoce que no le importa demasiado que lo tilden de polémico: «Lo que realmente resulta molesto es que me pongan una etiqueta simple, es lo peor para cualquier artista. En efecto, mis primeras películas generaron mucha controversia, me consideraban un realizador duro, y me criticaron por ello. Luego, cuando hice películas como la propia "Wall Street", me pusieron mal por todo lo contrario, o sea, porque argumentaban que me había vuelto demasiado blando.... Pero yo creo que cada filme debe analizarse en sí mismo. Cuando vas cumpliendo años ves las cosas con mayor profundidad. Por otro lado, no hay nada malo en ser duro o blando...». Tanto como el otro tentempié al que le hinca el diente. Qué buena pinta.


El lujo nunca duerme
Gordon Gekko (el personaje de Michael Douglas) regresa como el antihéroe más maduro, pero igual de codicioso, que mantiene el lujo como clave de su vestuario. Si en la primera versión de 1987 se convirtió en el icono del «power dressing», en la secuela, rodada ya en la era del casual Friday, expresa el lujo a través de los accesorios. Éstos son algunos ejemplos.

PEINADO HACIA ATRÁS. La gomina y el cabello retirado, claves para transmitir el strés y poder propios del personaje de 1987, siguen presentes. Aunque ahora, en un intento por reflejar autoconfianza, se le ve con el pelo canoso despeinado.

TRAJE A MEDIDA. Como impone la tradición en el mundo de los negocios de élite, en la cinta de Stone aparecen dos tipos de traje: cuando el «tiburón» aún se prepara para atacar, luce un dos piezas gris de Canali como descuidado, con camisa blanca y sin corbata. Cuando Gekko se recompone como el villano que es, sus trajes pasan a ser más estrictos.

CAMISA Y CORBATA. La primera, remangada con cuello blanco, conocida como «contrast collar short» y todavía hoy un símbolo de estatus y poder en el mundo
de los negocios, a una versión más conservadora: con cuello italiano (más abierto y sin botones) y corbatas (con nudo Windsor) conjuntadas según los cánones de la elegancia masculina.