CRÍTICA DE CINE / «Mientras duermes»: El Mal no tiene matices

La Razón
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Director: Jaume Balagueró. Guión: Alberto Marini. Intérpretes: Luis Tosar, Marta Etura, Alberto San Juan, Petra Martínez. España, 2011. Duración: 107 minutos. Thriller psicológico.

Hace unos meses, Hillary Swank fue anestesiada, vigilada y acosada por su casero en la infame «La víctima perfecta». Ahora le toca a Tosar, siniestro conserje de un edificio del Ensanche barcelonés, torturar psicológicamente a su pareja en la vida real, Etura, que interpreta a la vecina del quinto, siempre con un «genial» colgándole de los labios, indiferente a las cartas anónimas y los obscenos mensajes de texto que recibe de un psicótico admirador secreto. Más allá del eficaz efectismo de sus revolcones en el cine de terror y del ingenio dilapidado en ese divertido susto de barraca de feria que sustenta el díptico «[Rec]», co-dirigido por Paco Plaza, Balagueró tenía que demostrar que era capaz de adentrarse en terreno extraño –el thriller psicológico– profundizando en un punto de vista que resultara antipático y magnético a la vez: el del Mal absoluto y sin matices, cuyo única alegría es la infelicidad de los demás. Una escena demuestra que ha he- cho bien sus deberes. Si en la primera mitad del metraje la descripción sainetesca de la comunidad de vecinos, la forzada inclusión de un personaje que conoce la perversión de César y las excursiones nocturnas de nuestro antihéroe en el piso de su objeto de deseo hacen temer que el filme se hunda en arenas movedizas, la secuencia en la que el psicópata cae en su propia trampa no sólo prueba el dominio de la puesta en escena de Balagueró sino también que ha logrado lo que quería: que nos identifiquemos no con la víctima sino con el verdugo. En ese inspirado momento la cinta crece y se transforma, apoyada en un siempre magnífico Tosar, en un elogio de la crueldad como una de las bellas artes.