Historia

Rafael Amargo apoya a Cecilia pero no a Canales por Jesús Mariñas

Hubo expectación desacostumbrada la otra noche y el reestreno casi representó apertura de temporada. En medio de insólito morbo, Cecilia Gómez repuso su ballet sobre la pasión de Cayetana y se citaron churras y merinas: desde una Nati Mistral con vivo estampado turquesa o una María Teresa Campos enrojecida por CH, a una Esperanza Roy de pelo ensortijado siempre protegida por Javier Aguirre. Víctor Janeiro fue con su novia a cuestas, que apenas habla a su vera, de ahí que la Trapote se desate cuando no van juntos.

De izda. a dcha., María Teresa, Nati Mistral y Esperanza Roy
De izda. a dcha., María Teresa, Nati Mistral y Esperanza Roy

Lara Dibildos enseñó morenez y hombros desnudos, mostrándose melancólica porque concluyeron los casi tres años haciendo «Brujas» con Juncal Rivero, Arancha del Sol y la recordada Carla Duval. Enrique Cornejo prepara reparto estelar para exhumar «Testigo de cargo», como ahora María Castro y Jorge Sanz hacen en «Crimen perfecto», la obra que venció a Elena Furiase. El cambio forzado es de agradecer. Lo comentaban ante un Alberto Portillo histórico en sus montajes coreográficos que observó la deserción de algún espectador. Gema López y María Patiño procuraban pillar tras descubrir al amante de Canales con trampa, engaño y estafa incluidos. Competían en extensiones, la Patiño muy propia con traje largo, mientras que Cecilia me contó que desconocen a «la nueva» –pero no última, él suma y sigue– de Fran Rivera: «Seguimos como socios, espero que aquí –Teatro del Canal hasta el 18 de septiembre– perdamos menos que anteriormente en la Gran Vía–», y lanzó un suspiro. Destacan sus expresivos brazos como en Canales –recibido con ovación, rebosando adhesión, cariño y respeto– el temperamento, la furia y lo que no se estila. Conquistó a un público primero receloso por el tema de sus descarnadas fotos playeras tan aireadas en DEC.

Todo se recordaba, cómo no hacerlo, ante las glorias perennes de Nati Mistral, la Roy o María Teresa que hace dos noches acogía el cumple de su hija Terelu, que ya es como Laughton en «Testigo de cargo»: no se moja ni en la ducha, algo impensable en un Rafael Amargo revestido de blanco contrastado con azul. «Vengo para apoyar a Cecilia, que es un amor», expresó. «¿Y no en solidaridad con Canales?». «A cada puerco le llega lo suyo. Nunca me pidió perdón, no cogió el teléfono por haberme llamado "mariconazo"en un momento de euforia. Me sorprendió aquella pasividad y no puedo animarlo en este momento».

Lo hizo el público entusiasmado con un baile por encima de indecencias sexuales. Canales se entregó, supo a poco y sólo le faltó coraje para tomar una copa con los incondicionales: huyó por la puerta falsa tras abrir la Puerta Grande. Una pena. Nada como arte grande para olvidar miserias.