Rumsfeld no se arrepiente

A principios de 2002, durante una rueda de prensa en el Pentágono, un periodista preguntó al entonces secretario de Defensa Donald Rumsfeld sobre ciertos «informes» que sugerían que no había relación entre el régimen de Sadam Hussein y las armas de destrucción masiva.

Rumsfeld fue apoyado por Bush hasta que en 2006 las urnas le castigaron en las elecciones al Congreso
Rumsfeld fue apoyado por Bush hasta que en 2006 las urnas le castigaron en las elecciones al Congreso

Entonces, Rumsfeld ofreció una respuesta ya famosa, que ha generado más de 300.000 entradas en internet en los últimos años: «Los informes que dicen que las cosas no han ocurrido siempre me resultan interesantes porque, como sabemos, hay conocidos que conocemos: hay cosas que sabemos que sabemos. También sabemos que hay desconocidos conocidos. Eso es decir que sabemos que hay cosas que sabemos que no sabemos. Pero también hay desconocidos que no conocemos –esos que no sabemos que no sabemos. Y si uno mira a través de ella la historia de nuestro país y otros países libres, es la última categoría la que tiende a ser la difícil», terminó.

Rumsfeld ha elegido empezar su libro de memorias «Known and Unknown» («Conocido y desconocido», editado por Sentinel HC) con un comentario a esta anécdota que forma parte de la historia de la controvertida administración Bush después de cinco años de silencio tras su salida. En 814 páginas, ofrece un elaborado informe con detalles de los entresijos del gobierno de George W. Bush, los atentados del 11-S, las guerras de Afganistán e Irak, la transformación de las Fuerzas Armadas durante el siglo XXI, el escándalo de abusos de Abu Ghraib y las alegaciones de tortura en la base de Guantánamo (Cuba). Pero en su relato se echa de menos el arrepentimiento de los errores de la polémica administración.

Sobre las controversias en las que se vio implicado, destacan las imágenes de las vejaciones de la prisión iraquí de Abu Ghraib. Las fotografías que mostraron los abusos de soldados estadounidenses «revelan actos pornográficos de autoindulgencia. Creo que esto lo juzgué mal. Abu Ghraib y sus efectos siguientes se convirtieron en una distracción perjudicial», explica en el libro.

Mientras, de la controvertida cárcel de la base cubana de Guantánamo, considera que «una de mis mayores decepciones como secretario de Defensa fue mi incapacidad de hacer que Estados Unidos y el mundo supieran la verdad sobre Gitmo (los militares se refieren a la base por este nombre, que es el código del aeropuerto). Una de las instalaciones de detenciones más criticadas, pero también una de las dirigidas con la mayor profesionalidad del mundo», escribe.

Y del tratamiento a los detenidos defiende que «si se pregunta a los estadounidenses cuántos detenidos fueron sometidos a ‘‘waterboarding'' (echar agua en la cara tapada con una toalla para provocar afixia) en Guantánamo, el ratio de la respuesta va a ser entre tres y cientos. La correcta es cero. Cuando los interrogadores militares en Guantánamo enviaron a la cadena de mando su petición de permiso de "waterboarding"a finales de 2002, yo la rechacé. Hasta donde yo sé, nadie del personal estadounidense militar relacionado con los interrogatorios utilizó ‘‘waterboarding'' con los detenidos, ni en Guantánamo ni en ningún otro lugar en el mundo».

Revuelta de los generales

En un gesto sin precedentes en la historia de Estados Unidos, ocho generales y almirantes retirados pidieron la dimisión de Rumsfeld a principios del año 2006. Este movimiento se calificó como la «revuelta de los generales». Los altos mandos justificaron la rebelión por la incompetencia y falta de estrategia del jefe del Pentágono. Bush contestó a la críticas con el apoyo incondicional: «Ya sé que están pidiendo su dimisión, pero yo soy el que decide». Bush aceptó la renuncia, que Rumsfeld presentó en dos ocasiones, tras las elecciones del Congreso del 2006, en las que los republicanos perdieron 30 asientos en la Cámara de Representantes y 6 en el Senado. Rumsfeld pasará a la historia por la guerra de Irak, las torturas y Guantánamo. Pero también por ser el hombre más joven que se puso al frente de Defensa con el presidente Gerald Ford. Y por ser el mayor al frente de este departamento con George W. Bush.

Y también por las visitas –sin medios de comunicación– al Hospital Walter Reed Center de Washington a los soldados de guerra de Afganistán e Irak, el buque insignia de los centros de Estados Unidos donde se atiende a los veteranos. Todos las ganancias de su libro serán donadas a organizaciones benéficas de militares, a las que el ex secretario de Defensa ya apoya desde la Fundación Rumsfeld.


«Esto es lo que tenéis»
Cuando Rumsfeld visitó las tropas en Irak en 2004, un soldado le pidió mejores equipos en los vehículos. El jefe del Pentágono le contestó: «Tenéis que ir a la guerra con el Ejército que tenéis, no con el que os gustaría». En el libro explica que «mi respuesta reveló una verdad bastante simple sobre la guerra. Después me enteré que la cuestión había sido planteada por un reportero que había estado con la unidad», se justifica. Rumsfeld se hizo famoso, además, por gritar a los periodistas cuando se quejaba de que «me habéis hecho la misma pregunta veinte veces».