Agricultura

Huertos entre hormigón

La crisis ha multiplicado los cultivos en terrenos urbanos de las grandes ciudades de toda la región. Sólo en el parque regional del Sureste 239 agricultores plantan, cosechan y cocinan sus propias verduras.

Huertos entre hormigón
Huertos entre hormigónlarazon

MADRID- Son casi 240 personas las que disfrutan de su propio huerto que les ofrece la Comunidad de Madrid en el parque regional del Sureste. En tiempos en los que para muchos comer es el principal problema, la finca del Caserío de Henares pone a disposición de los ciudadanos 239 huertos para que los exploten individualmente y se coman lo que recojan. El consumo propio es el único destino que tiene la recolección en estos huertos, por los que pagan 15 euros al mes durante tres años y que tienen 250 metros cuadrados, con una caseta para los aparejos de labranza y una compostera.

El Gobierno autonómico lleva ofertando el programa «huertos de ocio» desde 1988, después de que se aprobaran las bases para el concurso de los huertos el 26 de marzo de 1987, y el objetivo que se persigue es «ofrecer a los ciudadanos la oportunidad de disfrutar de un ocio saludable, al tiempo que se fomenta la agricultura ecológica», según señaló la consejera de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, Isabel Mariño.

A través de esta iniciativa, los hortelanos consumen los productos que ellos mismos han cultivado, que están exentos de sustancias artificiales, lo que hace que sean de máxima calidad. Los agricultores, que sólo pueden acceder a este servicio si están empadronados en Torrejón de Ardoz, San Fernando de Henares, Coslada, Mejorada del Campo y Alcalá de Henares, tienen un perfil que va desde el jubilado que siempre ha tenido relación con el mundo agrícola hasta el ciudadano preocupado por el medioambiente y la agricultura ecológica, que es, precisamente, el principio fundamental de estos «huertos de ocio». Una iniciativa impone al hortelano a desarrollar la agricultura ecológica, siendo obligatoria la práctica del riego por goteo, aunque Alberto Alonso, el jefe de área de educación ambiental del Caserío, asegura que nunca han tenido que imponer sanciones, puesto que se trata, en su mayor parte, de señores que llevan toda una vida dedicada a la agricultura, por lo que llegan muy concienciados con la conservación de la fertilidad de la tierra. Aun así, el centro de educación ambiental Caserío de Henares imparte seminarios y talleres de agricultura ecológica que informan sobre el control de plagas, por ejemplo, para los hortelanos que deseen ampliar sus conocimientos en este ámbito. Además, el equipo del centro está siempre en disposición para cubrir las necesidades de los hortelanos, a los que les ceden semillas desde el invernadero del centro. Sin embargo, lo que aún no han logrado conseguir es establecer un autobús que acerque a los hortelanos desde los municipios hasta el Caserío. Uno de los hortelanos, a pesar de que reconoce que son muchos los que lo han demandado, considera que sería muy conflictivo.

Por otro lado, Alberto afirma que «están muy hermanados» entre ellos, ya que «se organizan para compras colectivas», y en el mes de septiembre realizan una fiesta a la que acuden los agricultores de los municipios vecinos. Los hortelanos exponen sus mejores piezas y aquello se convierte en un mercado en el que se intercambian los productos. Además, en esta fiesta le otorgan un premio al hortelano que tiene el mejor huerto. Los trabajadores del centro recuerdan que «estos programas siempre han tenido buena aceptación» pero este año la lista de espera ha sorprendido a todos, ya que hay gente que espera su momento para pagar 15 euros al mes, lo que resulta insólito teniendo en cuenta los tiempos que corren.


El detalle
AGRICULTURA ECOLÓGICA EN PLENA CIUDAD

El centro de educación ambiental Caserío de Henares no sólo oferta el programa de «huertos de ocio» en su programa. En primer lugar, su labor es la de ofrecer asesoramiento a los que realizan demandas particulares, pero además ofrecen los huertos didácticos o escolares y los huertos colectivos. Los primeros, dirigidos a los más pequeños, los mantiene el equipo del centro hasta que los menores acuden al Caserío, donde los monitores les enseñan los métodos de cultivo practicando, por supuesto, la agricultura ecológica. En cuanto a los huertos colectivos, están destinados a grupos de 20 o 25 personas que no tienen la misma disponibilidad que los hortelanos de los huertos de ocio. Sus tareas, como ocurre con los huertos escolares, también están tuteladas por el personal del equipo del Caserío. Así, cuando uno no se puede ocupar un día del mantenimiento, delega en otro compañero para mantener el mantenimiento del huerto.