De joven violento a respetable político

Italia se sorprende y asusta ante la violencia que vivieron sus calles el 15-O. Pero muchos dirigentes actuales comenzaron su carrera creando el caos

Fabrizio Filippi, «Er pelliccia», lanza un extintor, en una imagen que ha dado la vuelta al mundo
Fabrizio Filippi, «Er pelliccia», lanza un extintor, en una imagen que ha dado la vuelta al mundo

La imagen ha dado la vuelta al mundo. En el centro, un joven con melena de rizos dorados, torso desnudo, el rostro cubierto con una camiseta negra, zapatillas deportivas oscuras y pantalones vaqueros de cintura baja. A su izquierda, las llamas envuelven con su sudario rojo y amarillo lo que debió de ser un automóvil. La atención mayor, sin embargo, no se la lleva el ancestral atractivo del fuego, sino el joven. Con un impetuoso movimiento que le deja escorzado como un atleta, lanza hacia el objetivo un extintor rojo, que vuela por el aire.

No había una imagen que simbolizase mejor la situación vivida en Roma el pasado fin de semana, cuando la manifestación de los «indignados» convirtió las calles de la capital italiana en un escenario bélico. La Ciudad Eterna, cuna de la civilización occidental, se descubrió como la más incivil de las urbes que participaron en la protesta por todo el planeta. Y él, Fabrizio Filippi, alias «Er pelliccia», el joven de la imagen, recogía en su gesto toda la violencia que se respiró en Roma durante aquella jornada de furia.

Durante los días siguientes la clase política italiana se rasgó las vestiduras por lo sucedido. Casi todos los partidos pidieron más mano dura contra personajes como Filippi o los militantes del grupo radical Bloque Negro, quienes cometieron la mayor parte de los actos vandálicos. El ministro del Interior, Roberto Maroni, afirmó incluso que había nacido el «terrorismo urbano» y propuso que, a partir de ahora, los organizadores de las manifestaciones tengan que pagar por los posibles daños que se cometan durante las protestas.

Currículum en las calles
Lo que no quisieron decir ni Maroni ni ninguno de los otros próceres de Italia es que, antes de llegar al poder, muchos de ellos se comportaron como Filippi. Ellos también incendiaron las calles, utilizaron la violencia y se pelearon con la Policía. El propio ministro del Interior tiene un buen currículum en este campo, como les ocurre a otros altos dirigentes de la Liga Norte. Maroni y otros dos ministros del Gobierno de Silvio Berlusconi, Umberto Bossi, líder de la Liga, y Roberto Calderoli, utilizaron la violencia para intentar impedir el registro de la sede de su partido en Verona en 1996. El actual «número uno» de la seguridad italiana llegó incluso a morder en la pierna a un agente durante le refriega.

Su comportamiento le costó ser condenado a cuatro meses y veinte días de cárcel, una pena que pudo conmutar por el pago de una multa de 5.320 euros. A Bossi también le cayeron cuatro meses de cárcel, pero el Tribunal Supremo anuló la sentencia.

Otros dirigentes italianos que se han hecho un nombre en medio de las protestas callejeras son Gianni Alemanno, alcalde de Roma, e Ignazio La Russa, ministro de Defensa. Ambos son hoy miembros del partido de Berlusconi. Alemanno, militante muy activo de las juventudes de la formación neofascista MSI durante la difícil época de los «años de plomo», fue detenido en varias ocasiones. Una de ellas, por participar en una agresión a un estudiante de izquierdas y otra por lanzar un cóctel molotov contra la embajada de la URSS, lo que le supuso una condena a ocho meses de cárcel, aunque posteriormente fue considerado inocente.

También fue absuelto de un delito de resistencia a la autoridad cometido en 1989. En mayo de aquel año intentó impedir la visita del entonces presidente estadounidense, George H. Bush, al cementerio estadounidense situado en la ciudad de Nettuno.

La Russa militó igualmente en las juventudes del MSI y formó parte activa de las acciones del partido. Como recordaba esta semana el diario «Il Fatto Quotidiano», estuvo en la primera línea de la manifestación ilegal de este movimiento celebrada en marzo de 1973 en Milán. En aquella protesta, en la que fueron decomisados pistolas, bastones y cócteles molotov, perdió la vida un policía debido a las bombas lanzadas por los manifestantes.