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Huelguistas ricos

La Razón
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Lo de algunos futbolistas privilegiados no es solidaridad, sino cinismo. Demagogia barata. Cinco millones de parados a los que hay que añadir un número de jugadores de fútbol que se unen para perjudicar a los clubes que les pagan millones de euros. Lo solidario –voz que aborrezco por su oquedad– sería destinar el diez por ciento de los muchos millones que perciben al año para mitigar la situación agobiante de sus compañeros de profesión. Porque una estrella del Real Madrid o el «Barça» no gana lo que se dice. A esos diez o doce millones de euros anuales de ficha que figuran en el contrato hay que añadir las primas por ganar –encima son premiados por cumplir con su obligación–, las dietas, los sueldos y los derechos de imagen, aparte de la publicidad que les reclama por pertenecer a un gran club y formar parte de la Selección española de fútbol. Si todos los futbolistas privilegiados, en lugar de disfrazarse de sindicalistas, ofrecieran un diez por ciento de sus beneficios a los futbolistas que no cobran –y que, dicho sea de paso, no lo hacen porque la crisis económica no perdona la mediocridad–, se solucionaría el principio del problema. Esta huelga contra el fútbol puede ser justificada en los futbolistas desfavorecidos. Creo, no obstante, que también les perjudica. Pero es una huelga inadmisible si a su convocatoria acuden los futbolistas millonarios, los privilegiados de la sociedad en la que viven, los mimados por millones de seguidores entre los que se encuentran cientos de miles de parados a los que el fútbol les hace olvidar una considerable porción de sus preocupaciones. Figúrense la escena. Convocatoria de huelga en la banca y cajas de ahorro en defensa de los intereses de miles de trabajadores del sector que han dejado de percibir sus sueldos. El sindicalista habla y enciende los ánimos de los impagados y en primera fila se ubican los presidentes de las sociedades que han gestionado mal y los principales directivos de la banca y del mundo empresarial. Nadie sabría interpretar de buena fe la fotografía. En el fútbol hay muchas diferencias. Hay grandísimos futbolistas que por lo normal, están en los mejores clubes, hay futbolistas inmersos en la medianía y los hay ahogados en la más absoluta mediocridad. La equiparación es imposible. Las sociedades anónimas han llevado al fútbol al desastre. Los clubes que se han mantenido como tales –Real Madrid, Athletic de Bilbao, «Barça» y Osasuna– son los que presentan, a excepción del «Barça», los mejores resultados. Se dice que no es justo que entre blancos y azulgranas se lleven más del cincuenta por ciento de los derechos de televisión. A primera vista no lo es. Pero España es una sociedad libre y los aficionados compran los partidos que les interesan, y el interés se reúne principalmente en los dos grandes clubes. Pretender la igualdad es como si un cajero del Banco de Santander pretendiera ocupar el cargo de Emilio Botín. En caso extremo, bien por la huelga de empleados de la banca, pero sin Botín, o Francisco González entre los huelguistas. En caso extremo, bien a la huelga de futbolistas que militan en clubes mal administrados, pero sin Casillas, Alonso, Puyol, Cazorla y demás privilegiados. Se habla del tope salarial. Los perjudicados de hoy lo aceptarían inmediatamente, pero mucho me temo que de aprobarse, no estarían entre ellos ninguna de las estrellas nacionales o extranjeras de nuestro fútbol. Esta huelga perjudica a todos. Al fútbol español, a los clubes, a los futbolistas medianos y a los jugadores mediocres. Sólo se salvan los privilegiados. Es decir, los que se hacen los solidarios siempre que no les arranquen ni un euro de los que les salen por las orejas.