Jaime Mayor Oreja

Los palmeros

La Razón
La RazónLa Razón

Lo verdaderamente preocupante no es que seis jetas se presentaran el pasado lunes en San Sebastián y, previo pago, le hicieran el caldo gordo a ETA. Lo realmente inquietante es que los socialistas les hayan hecho de palmeros. Hasta donde yo sé, Eguiguren y Totorica son miembros destacados del partido socialista de Euskadi, que gobierna en esa comunidad autónoma gracias a la generosidad política del PP. Todos sabemos que Eguiguren, de verdad, es un nacionalista vasco que no ha terminado de salir del armario y por lo tanto a nadie tiene que extrañarle su entusiasmo al escuchar las frivolidades y disparates del ex secretario general de la ONU y los otros cinco mercenarios de la mediación. Pero Totorica era el alcalde de Ermua cuando uno de sus concejales, Miguel Ángel Blanco, fue secuestrado y posteriormente asesinado con un tiro en la nuca en un bosque cercano a su pueblo. ¿Cómo ha podido olvidarlo y sentarse con quienes aplaudieron aquella atrocidad? Es que es lo que toca. Un PSOE desesperado por unas encuestas que, a treinta día de las elecciones, siguen anunciando un descalabro espectacular, busca desesperadamente algún dato positivo con el que presentarse ante una ciudadanía que sueña con mandarles a la oposición una buena temporada. Y para ello no parece importarles ofender al millar de asesinados y a sus familias, sin darse cuenta de que pantomimas como la del Palacio de Ayete, antigua residencia veraniega del mismísimo Franco, sólo sirven para aumentar el cabreo de millones de españoles que sienten auténticas náuseas al ver cómo los etarras han vuelto a las instituciones y, como dice Jaime Mayor Oreja, no necesitan ya matar porque han ganado la batalla política. La han ganado colocando en instituciones tan importantes como la alcaldía de Donosti o la Diputación General de Guipúzcoa los suyos que no sienten el menor empacho mostrando cada día que ellos y los pistoleros son la misma cosa. El candidato Rubalcaba, tan preocupado y ocupado en mimar a los «indignados» que toman las calles, no parece haber calculado la cantidad de indignación que acumulan los ciudadanos que asisten atónitos a la rendición del Estado de Derecho. Esos indignados, don Alfredo, son muchos más que los que acampaban en la Puerta del Sol ante la Policía. Lo va a comprobar dentro de un mes cuando a partir de las ocho de la tarde se abran las urnas. Sólo hace falta echarle un ojo a la última encuesta del CIS para saber que ETA, haga lo que haga, ya no puede conseguir que cambie el sentido del voto de la inmensa mayoría de los ciudadanos que lo que sí perciben es una actitud claudicante ante los que siguen teniendo las pistolas. Las prioridades son otras, con el empleo a la cabeza. Las maniobras de distracción ya no sirven de bálsamo. Son vinagre en la carne viva de una sociedad hastiada de promesas incumplidas y de guiños a todos los extremismos. Además, la gente quiere saber de dónde ha salido el dinero para pagar la patochada, mientras este Gobierno agonizante no toma medida alguna para mejorar las maltrechas condiciones sociales de tanta gente.