El «muro de la vergüenza» cincuenta años después

Berlín recuerda a los 136 asesinados por intentar cruzar hacia la Alemania libre

Cientos de personas recordaron ayer a las víctimas de los guardias fronterizos de la extinta RDA en una ceremonia en la Puerta de Brandenburgo

MADRID- El 17 de agosto de 1962 había transcurrido un año desde que la RDA colocara la primera piedra del muro que dividió al mundo. Aquel día Peter Fechter, un peón de obra de 18 años que vivía en la zona soviética de Berlín, decidió huir a Alemania occidental. Los guardias soviéticos le dispararon cuando escalaba el muro ante la mirada de cientos de testigos temerosos. Una hora después, murió desangrado sin haber recibido ayuda.

Fechter fue el primero de las al menos 136 personas que fueron asesinadas cuando intentaban atravesar el muro de Berlín. Ayer en la capital alemana su nombre era uno más impreso en una hilera de papel y rosas. Alemania conmemoraba el 50 aniversario de la construcción del «muro de la vergüenza» –conocido antaño como el «Muro de la paz» en los estados soviéticos– con este homenaje a las víctimas de una división por la que algunos sienten nostalgia aún. «No sentimos ningún tipo de tolerancia para con ellos», señaló el alcalde de la capital, Klaus Wowereit, en referencia a los revisionistas que consideran legítima la construcción del muro. «Desafortunadamente todavía queda un poco de muro invisible en la mente de algunas personas», explicaba a Reuters Doris Dieter, de 72 años, una de las asistentes al acto.

«Cuando yo tenía siete años, solía ir a ver a mi abuela desde Pankow, en Berlín Oriental, a Hamburgo, en Berlín Occidental. Como niña, para mí era totalmente inconcebible que Berlín se dividiera repentinamente», comentó ayer la canciller alemana, Angela Merkel, que se refirió a la separación germana con un discurso inusualmente personal. «A partir de ese momento ya no pude ir a visitar a mi abuela nunca más, ni ver a mi tía y mis primos. Eso marcó mi vida entera».

Durante las casi tres décadas en las que el muro fue frontera, cientos de personas fueron detenidas por las autoridades soviéticas y otras tantas resultaron heridas de bala al intentar cruzarlo. A pesar de todo, unas 4.000 consiguieron franquear desde algún punto los 165 kilómetros de hormigón y hierro que constituyen el mayor símbolo de la Guerra Fría.

Su construcción fue encargada por el Gobierno de Walter Ulbricht para acabar con el éxodo masivo de los ciudadanos de la RDA hacia Alemania Occidental y como respuesta al boicot económico al que estaba siendo sometido por occidente.

El muro incluía un perímetro de diez metros que obligó a cientos de familias a abandonar sus hogares, reconvertidos en torres de vigilancia. Así se mantuvo hasta la decadencia de la URSS con Mijaíl Gorbachov, cuando se sucedieron masivas manifestaciones en todo el país que pedían la caída del muro después de 28 años. Ésta llegó por fin la noche del 9 de noviembre de 1989.

«Es nuestra responsabilidad mantener viva la memoria como recordatorio para defender la libertad y la democracia», señalaba el presidente alemán, Christian Wulff. «Una pared no puede contener el deseo de libertad».


Un polémico símbolo de la resistencia
Ctirad Masin, uno de los emblemas de la resistencia anti comunista en la República Checa, falleció ayer en EE UU a los 81 años. El ex combatiente representaba una figura muy controvertida que aún divide a los checos, ya que junto a su hermano Josef y a Paumer Milan formó una célula antisoviética que asesinó a varios agentes en Alemania del Este y a un civil en su tortuosa huida hacia la parte Occidental. La persecución de los fugitivos, que movilizó a 24.000 efectivos de las fuerzas soviéticas en su busqueda y captura por la RDA, alimentó todo un mito en torno a los hermanos Masin.