«Las desigualdades erosionan la competitividad de la UE»

«Son tiempos muy difíciles para Europa en los que tenemos que tomar decisiones muy complicadas» 

Eniko Gyori
Eniko Gyori

La ministra de Asuntos Europeos húngara, Eniko Gyori, está pasando una de las Navidades más ajetreadas que recuerda. Pero no por ello pierde el buen humor en la entrevista que realiza a través del teléfono, aunque su país presida a los Veintisiete desde ayer en uno de los momentos más turbulentos de la historia de la UE. Su gran prioridad será avanzar en el paquete de gobernanza económica para Europa.
–La Comisión Europea ha hecho sus seis propuestas legislativas para el paquete de gobernanza económica, pero ahora debe llegar la posición del Parlamento que se espera más ambiciosa. ¿El debate se dilatará empeorando la situación económica?
-Es una tarea difícil, tenemos que unificar la posición del grupo de Trabajo de los Gobiernos, las propuestas de la Comisión y el propio Parlamento, que es más ambicioso en temas como apostar más por el automatismo de las sanciones. Es muy importante que salga adelante antes de junio porque no podemos perder tiempo, la crisis no espera. Hay que ser decisivos.
–Este debate correrá paralelo al de las próximas perspectivas financieras para después de 2014, en el que ustedes ya avisan que los fondos de cohesión son «indispensables»…
–Es cierto que somos un país beneficiario, pero también lo es que sin mayor cohesión interna no podemos competir con China o EE UU. Las desigualdades erosionan la competitividad de la UE. Tenemos que mantener la solidaridad interna, aunque la adaptemos a los objetivos de la estrategia Europa 2020 (crecimiento limpio e inteligente).
–Un grupo de países liderado por Gran Bretaña ha pedido que se congele el presupuesto tras 2014, ¿cuál es la posición de su presidencia?
–No creo que se pueda hablar de cifras y luego de políticas. El Tratado de Lisboa establece cuáles son las materias comunitarias, pero si no hay fondos, ¿cómo se va a financiar la letra del tratado? Por eso queremos esperar a que la Comisión presente sus primeras cifras en junio.
–En lugar de para lucir, las presidencias de la UE se han convertido en una picota en la que quedan a la vista las debilidades de los Estados miembros: la economía en España, o la falta de Gobierno en Bélgica.
–Estoy de acuerdo en esencia. Una presidencia tiene que demostrar su ejemplaridad al resto de Estados miembros. Por eso hemos aplicado una política económica estricta. Estas medidas nos ayudarán a mantener el déficit en el 3,8% del PIB este año, y a reducirlo hasta el 2,8% el próximo. Lo que también contribuirá a rebajar el endeudamiento.
–Y también han aprobado una polémica Ley de prensa que extiende la supervisión del Estado sobre los medios…
–Lo que deben hacer primero aquellos que comentan es leerse la ley, porque tan sólo un día después de que se aprobara en el Parlamento (20 de diciembre), ya empezamos a ser criticados. Una vez analizada, que nos digan qué artículos plantean problemas, estamos dispuestos a hablar. Es verdad que hemos reorganizado todo el sistema, porque lo que no podía ser, por ejemplo, es que la televisión pública fuera incapaz de elegir a un presidente por las discrepancias del Consejo Administrativo, era un organismo incapaz de gobernar.
–Detrás de estas decisiones está su primer ministro, Victor Orban, conocido por su carácter fuerte y resolutivo. ¿Se le podría llamar el Sarkozy del Este?
–(Risas). No seré yo la que diga esto. Es cierto que tiene un carácter fuerte, irradia carisma. Tras el cambio de Gobierno en mayo, reorganizó todo el país y puso orden en la economía. Pusimos fin a la ayuda del FMI que acordamos en 2008 porque queremos ser responsables de nuestro salvamento, ser independientes económicamente. Y afortunadamente no tuvimos problemas en los mercados tras el verano.

Buenos recuerdos
España se rastrea detrás de cada esquina de esta presidencia húngara de la UE. No sólo porque nuestro país formó parte del trío de presidencias junto con Bélgica y Hungría. Sino también por las metáforas taurinas que usó el ministro de Exteriores, Janos Martonyi, durante la presentación de las prioridades, o por la presencia del español en el equipo de Eniko Gyory. De hecho, la propia ministra vivió en Logroño en 1989, donde participó en un programa de intercambio. De aquel tiempo recuerda que «trabajé poco pero salíamos casi cada noche». Probó todos los vinos y ahora, cuando ve una botella de Rioja recuerda «con gran nostalgia» aquellos meses de verano. Guarda a nuestro país en un lugar especial, por eso «espero, de todo corazón, que España pueda resolver sus problemas», sin recurrir a un rescate europeo.