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Los caminos del investigador por Diego Gándara

La Razón
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Si no hace «boom», hace «crack». Jorge Volpi, flamante ganador de la V edición del Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América con su novela «La tejedora de sombras», es desde hace más de diez años el escritor mexicano por excelencia: inteligente, culto, reconocido en Europa y leído atentamente en su país, un autor implicado en el devenir constante de la coyuntura mundial y latinoamericana y un referente indiscutido de una literatura seria, en diálogo constante con la historia y la ciencia. Empezó a escribir cuando era un adolescente y desde entonces no se ha detenido. Nacido en Ciudad de México en el año 1968, en 1995 firmó junto a otros jóvenes escritores el «manifiesto crack», la carta de presentación de la entonces nueva literatura mexicana: escritores que se reconocían parte del linaje sembrado por el «boom» de Fuentes y Vargas Llosa, con el agregado de que proponían una narrativa clásica pero de corte europeo, inspirados, por ejemplo, en las novelas de Sergio Pitol.

El grupo, con el paso de los años, terminó siendo casi una anécdota, pero Volpi no: en 1999 su novela «En busca de Klingsor» recibió el Premio Biblioteca Breve y él, la consagración internacional: la novela, que sigue los pasos de un científico nazi al final de la Segunda Guerra Mundial, se tradujo a veinticinco idiomas. Sus siguiente libros, «El fin de la locura» y «No será la tierra», completan la trilogía iniciada por «En busca de Klingsor».

Investigador incansable de los temas que luego abordará en sus novelas, durante los últimos años Jorge Volpi se ha dedicado al estudio del universo científico y a indagar en cómo son las relaciones entre la neurociencia y el arte. De hecho, uno de sus últimos se ensayos se titula «El cerebro y el arte de la ficción». Habrá que ver si «La tejedora de sombras» seguirá alguno de estos caminos.

Diego Gándara