Europa

Nueva Orleans

Degas marca el ritmo

Etéreas y leves, ensayando o en posición de descanso, Degas dio vida a través de sus pinturas al mundo de la danza y a sus bailarinas. En septiembre llegarán en tropel a la Royal Academy de Londres. Será una de las exposiciones estrella.

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Calzadas con sus zapatillas en tonos pastel y sus tutús bien almidonados esperan con impaciencia que pase el verano y llegue el mes de septiembre. La Royal Academy of Arts londinense acaba de anunciar una próxima exposición de Edgar Degas (1834-1917) centrada en sus famosas bailarinas, aunque se fijará especialmente en la influencia de la fotografía y el cine en su particular visión del cuerpo en movimiento. «Degas y el ballet: retratando el movimiento», que podrá visitarse del 17 septiembre hasta el 11 de diciembre, reflejará la evolución de su tratamiento formal de esa temática, desde el más bien documental del principio de su carrera hasta la expresividad sensual que caracteriza a sus años finales. Según explicaron sus comisarios, Ann Dumas, de la Royal Academy, y Richard Kendall, del Clark Art Institute, de Williamstown (EEUU), será la primera muestra en ocuparse de la progresiva dedicación del artista a la figura en movimiento en el contexto de los avances paralelos de la fotografía y los comienzos del cinematógrafo, cuya importancia para el desarrollo artístico Degas supo ver desde un primer momento. La exposición reunirá alrededor de 85 obras, entre esculturas, pasteles, dibujos, grabados y fotografías del artista, así como fotos de sus contemporáneos y ejemplos del primer cinematógrafo, material procedente de instituciones públicas y colecciones particulares de Europa y Norteamérica. Explorará la estrecha relación existente entre su originalísima visión de la danza y los experimentos que llevaron a cabo por aquellos años los pioneros de la fotografía, como el francés Jules-Etienne Marey, el británico Eadweard Muybridge, así como del cine, con los hermanos Lumière a la cabeza. Al presentar al artista bajo esa nueva luz, la exposición demostrará que Degas fue mucho más que un creador de bellas imágenes que tenían al mundo del ballet como motivo central de sus pinturas; un artista al que hay que considerar moderno y radical al tiempo que reflexionó profundamente sobre los problemas visuales y que estaba perfectamente familiarizado con los desarrollos tecnológicos y con la época que le tocó vivir. Entre las obras maestras que se expondrán en la Royal Academy figura su célebre escultura «Pequeña bailarina de catorce años» (1880-81), de la Tate Gallery, junto a una serie de dibujos preparatorios que muestran al artista siguiendo ese motivo casi con ojo cinematográfico.


De todo el mundo
Otras obras importantes son «Bailarina posando para una fotografía» (1975), del Museo Estatal Pushkin, de Moscú, «La lección de danza» (circa 1879), de la National Gallery of Art, de Washington, «Bailarinas en sala de ensayo con contrabajo» (c. 1882-1885), del Metropolitan Museum of Art, de Nueva York», y «Tres bailarinas» (c. 1903), de la fundación Beyeler, de Basilea (Suiza).

Hijo de un banquero de origen napolitano y de una francesa criolla nacida en Nueva Orleans, Degas estudió durante un tiempo en la Escuela de Bellas Artes de París y viajó por Italia aprendiendo a pintar sobre la marcha a base de copiar las obras que veía en museos e iglesias. Era un muchacho con un interés enorme en todo lo que le rodeaba, sobre todo en cualquier obra de arte que tuviera delante de sus ojos.

Entre 1965 y 1970 presentó grandes composiciones históricas para su exhibición en el Salón de París, la exposición oficial de la Academia de Bellas Artes de la capital francesa, pero a partir de 1870 comenzó a centrarse en temas de la vida moderna, incluida la danza. Degas fue una de las figuras más destacadas del movimiento expresionista y participó con regularidad en las exposiciones de ese grupo.


Roto por la ceguera
Aparte de la danza y los estudios de ballet, los caballos de carreras y las bañistas fueron otros de los temas preferidos de Degas. Su pincelada suave, éterea las más de las veces, era una de sus señas de identidad. Sin embargo, su carrera se resintió de una manera definitiva a principios de 1900 debido a una creciente ceguera que padeció y que le obligó a abandonar la pintura alrededor de 1912 (su vida ya no sería la misma), cinco años antes de su fallecimiento en Montmartre.