Dos mujeres mueren a manos de sus parejas en Reus y Valencia

Los crímenes se cometieron con un margen de doce horas

Los servicios funerarios retiran el cuerpo de la mujer asesinada en Reus de su domicilio, después de que lo encontrara su hija de cinco años
Los servicios funerarios retiran el cuerpo de la mujer asesinada en Reus de su domicilio, después de que lo encontrara su hija de cinco años

Otras dos mujeres han sido asesinadas víctimas de la violencia machista con apenas doce horas de diferencia entre los crímenes. Una en Reus (Tarragona), la noche del martes, y la otra, ayer en Valencia, en torno a las diez de la mañana.

La primera de las fallecidas, una mujer española de 44 años, fue asesinada en su vivienda, y su propia hija, de cinco años, avisó en el colegio de la muerte de su madre, que tenía una puñalada en la espalda. Al parecer, la pequeña fue caminando sola hasta la escuela y explicó a sus profesores que su madre yacía en el suelo de su casa. La Policía Autonómica busca ahora al compañero sentimental de la víctima y padre de la niña, sobre el que pesa una orden de alejamiento. De origen sudamericano y de 34 años de edad, el principal sospecho del crimen fue condeno en 2006 por maltratar a la víctima y en 2010 por incumplir una orden de alejamiento. Pero supuestamente el hombre y Montse se habrían reconciliado, por lo que el hombre volvía a vivir con la asesinada.

En Valencia, eran las diez de la mañana cuando un hombre de nacionalidad uruguaya y 72 años de edad bajó de su casa en el número 6 de la calle Gregorio Gea de Valencia y fue directo a comprarle un cupón a Manolo, el vendedor de la ONCE de la avenida de Burjassot de Valencia. El argumento no le pareció muy convincente al vendedor, pero desde luego era contundente: «Dame un décimo, que he matado a mi mujer».

Parece ser que el presunto asesino fue quien llamó a la Policía para dar a conocer el asesinato y autoinculparse. Posteriormente fue detenido sin ofrecer resistencia. Había matado a su compañera sentimental, una joven boliviana de 32 años con la que convivía desde hace dos.

Las discusiones, según la vecina de la puerta de enfrente, eran constantes, y esa misma noche los gritos les habían despertado a las dos de la mañana. No era raro: «Él bebía bastante y eso generaba que los enfrentamientos con la pareja fueran constantes. No se relacionaban con casi nadie».