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La mujer viajera de Vuitton y la estela sensual de Elie Saab

El estadounidense Marc Jacobs con sus viajeras de lujo para Louis Vuitton y la mujer segura y sensual del libanés Elie Saab marcaron hoy dos hitos contrapuestos en la última jornada de Prêt-à-Porter de París para el otoño-invierno 2012-2013.

Louis Vuitton, que convirtió su pasarela en una espectacular estación de cuyo tren recién llegado salieron las modelos, lanzó una silueta trapezoidal en la que chaquetones, levitas, redingotes, faldas y vestidos, siempre por debajo de las rodillas, eran portados siempre también, o casi, sobre pantalones rectos hasta los tobillos.

Junto a esta silueta ultramoderna y a la vez algo decimonónica de cada maniquí, un botones elegantemente uniformado portaba a dos manos sus bolsos, grandes y pequeños, de viaje o de sombreros.

Idea genial para una firma de marroquinería como la fundada por Louis Vuitton a mediados del siglo XIX, que hoy es uno de los principales florones del imperio del lujo LVMH.

En el otro extremo del arte de la moda, acostumbrado a triunfar sobre las más célebres alfombras rojas del planeta, portado por algunas de las estrellas más brillantes del séptimo arte, Elie Saab dedicó hoy un ahínco especial a vestir de día a esas mismas actrices o a sus acaudaladas clientas distribuidas por el mundo.

Para todas ellas ideó nuevas versiones de sus bellos vestidos largos de noche, que el invierno próximo serán dorados, plateados, verdes y, algo bastante raro, negros, con juegos de transparencias, terciopelo devoré y bordados de pedrería y lentejuelas.

De día, la mujer Elie Saab, activa y urbana, llevará vestidos ajustados de georgette y trajes de chaqueta muy estructurados, negros y gris antracita, color ceniza, arena y verde imperio.

En contraste con esta visión de la feminidad Marc Jacobs para Louis Vuitton ideó una colección en la que el cuerpo a penas se intuía entre las superposiciones de gruesas prendas invernales.

Tras sorprender a sus invitados con la llegada de un tren de vapor en la carpa montada en Patio Cuadrado del Louvre, y antes de salir a saludar con un vestido negro de manga corta, Marc Jacobs propuso una silueta reconocible entre todas, empezando por sus voluminosos sombreros de forma irregular.

También por sus chaquetones, abrigos, redingotes y chaquetas de grande solapas redondeadas, cerrados con dos, tres, cuatro o seis botones-joya, de dimensiones considerables, sobre faldas y vestidos hasta las pantorrillas y pantalón.

Monocolores, camello o marrón, por ejemplo, o bicolores de beige y marrón oscuro, los nuevos conjuntos Vuitton reunieron también hasta tres y cuatro tonos diferentes según las prendas superpuestas.

Así, una falda roja sobre pantalón negro y abrigo hasta las rodillas rosa se llevará con un jersey de cuello alto rosa nude y un voluminoso sombrero lila.

Ya sin abrigo, las túnicas sin mangas trapecio y escote en V de color naranja, sobre falda y pantalón marrón oscuro, se llevarán con sombrero rojo y guantes altos marrones; mientras que vestidos y pantalones podrán ser de lurex rojo, o lila.

Los nombres de Marc Jacobs y Louis Vuitton (1821-1892) tuvieron hoy una doble actualidad, pues el diálogo a través del tiempo entablado entre ellos protagonizará a partir de mañana la exposición "Louis Vuitton-Marc Jacobs", inaugurada esta noche en el Museo de las Artes Decorativas.

De otro lado, sobre las pasarelas, la alemana Andrea Karg debutó con la marca Allude en el calendario oficial de París, al que trajo su pasión por los tonos rojizos y por el cachemira, símbolo de lujo contemporáneo con el que aspira a vestir a todo tipo de mujer, pues cada mujer es muy diferente según el momento, según contó a la prensa al termino de su desfile.

Verde, del oliva al esmeralda o el musgo más brillante, negro, azul y dorado fueron los colores de la firma también alemana Talbot Runhof, creadora de conjuntos cortos de día y de cóctel y vaporosos vestidos de noche, de seda, tul, tweed o satén, adornados con juegos de transparencias y superposiciones de prendas y materias.

Por su parte, la firma italiana Miu Miu partió del traje pantalón masculino, aunque verde, azul, oro viejo y rojo, para hacerlo cada vez más femenino, acampanando y alargando su americana, redondeando sus formas o estampando el conjunto hasta convertirlo en una blusa-túnica a medio muslo, a juego con sus pantalones.