Tarantino y el qué dirán

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De este palmarés especialmente excéntrico hay una conclusión que sacar: a Tarantino le importa un bledo el qué dirán. Porque darle el León de Oro a «Somewhere», la última película de su ex novia, Sofia Coppola, suena a tráfico de influencias. Podría ser que en un jurado tan heterogéneo –donde había cuatro directores de cine de muy diferente estilo e intereses: a Tarantino había que añadirle Guillermo Arriaga, Gabriele Salvatores y Arnaud Desplechin– este extraño León de Oro haya sido una solución de consenso, el único filme a concurso que puso vagamente de acuerdo a propios y extraños. De todos modos, y teniendo en cuenta el currículum de Tarantino –en Cannes dio la Palma de Oro a «Fahrenheit 9/11» para contentar a los hermanos Weinstein, que le habían dado carta blanca para estrenar el díptico de «Kill Bill» como le diera la gana–, está claro que ha brindado con Sofia por los viejos tiempos. Qué pena que lo haya hecho con la excusa de la película más pequeña de su filmografía, con la menos trascendente. Es motivo de orgullo para el cine español que Álex de la Iglesia haya conseguido dos premios por «Balada triste de trompeta», uno más merecido que el otro, aunque hubiéramos preferido que concursara con «El día de la bestia» o «Muertos de risa». Supimos que Tarantino había aplaudido a rabiar, y de todas las películas a concurso afines a sus gustos, ésta era la única que tenía una coartada política, y era, de lejos, la más agresiva y extrema. Es fácil de entender el premio al director, porque al filme le sobra talento visual, pero no así el de guión, esclavo de una idea brillante ejecutada en el paredón del caos. El jurado presidido por Tarantino ha ignorado por completo a las dos grandes favoritas –la chilena «Post Mortem» y la china «The Ditch»– para favorecer así a dos películas especialmente violentas: la de Álex de la Iglesia y «Essential Killing», un «Deliverance» en clave talibana dirigida con mano maestra por el veterano Jerzy Skolimowski.