España procesa a 20 militares por la matanza de jesuitas en El Salvador

Después de dos años de investigación, el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco ordenó ayer capturar y encarcelar a 20 militares salvadoreños por el asesinato de seis jesuitas –cinco de ellos españoles– y dos empleadas de hogar el 16 de noviembre de 1989, a plena luz del día, en el campus de la Universidad Centroamericana (UCA) en la capital salvadoreña.

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Velasco imputa a los procesados –entre ellos los ex ministros de Defensa Humberto Larios y el recientemente fallecido René Emilio Ponce– ocho delitos de asesinato terrorista y un delito de crimen de lesa humanidad contra el derecho de gentes. El magistrado, que comenzó la investigación en enero de 2009, decretó además la prisión provisional y sin fianza de todos los imputados en caso de que se los entregue, además de ordenar que presten fianza individual de 3,2 millones de euros. El ex presidente salvadoreño Alfredo Cristiani, quien figuraba también en la querella, no ha sido procesado. En plena guerra civil salvadoreña, el padre Ignacio Ellacuría –rector de la UCA y altavoz en El Salvador de la Teología de la Liberación– lideraba una corriente en favor de la negociación y la paz entre el Gobierno del conservador Alfredo Cristiani y la guerrilla del FMLN (Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí). Según el texto judicial, de 77 páginas, ese fue «el motivo fundamental» de su asesinato. En el auto se afirma que un grupo de oficiales de élite, denominado «La Tandona», adoptó la decisión de asesinar a los jesuitas por su labor política. En 1991 se celebró un proceso judicial amañado en El Salvador contra varios militares que acabó con dos condenas forzadas. Poco después, tras el final de las negociaciones de paz entre el Gobierno y el FMLN, una Ley de Amnistía promulgada en 1993 enterró definitivamente el caso.

«No parecen peligrosos; su cerebro, sí»
El testimonio de un matrimonio ha sido clave para la investigación. Esta pareja, testigo de los hechos, ha explicado cómo los sacerdotes, «bastante mayores», estaban «desarmados, en pijama» cuando llegaron los militares. El sargento Ávalos y otro compañero ya fallecido dispararon a la cabeza de los sacerdotes –los españoles Ellacuría, Amando López, Juan Ramón Moreno, Segundo Montes e Ignacio Martín Baró; así como el salvadoreño Joaquín López–. El sargento Zarpate mató al ama de llaves, Julia Elba, y su hija, que fallecieron abrazadas. En su confesión, Ávalos admitió que tuvo que recordarse que «lo que importaba eran sus cerebros» aunque no parecieran peligrosos.