Jóvenes parados «hijos pródigos» de vuelta a casa

Los jóvenes vuelven a casa, pero no por Navidad. Su trabajo no es estable, los han despedido, o nadie les hace un contrato que no sea de prácticas. Esto les obliga a quedarse en casa de sus padres, esperando a que la situación mejore. Pero no han de resignarse. No dejar de buscar y seguir formándose son las mejores opciones.

Jóvenes parados, «hijos pródigos» de vuelta a casa
Jóvenes parados, «hijos pródigos» de vuelta a casa

Hay jóvenes que sueñan con independizarse, pero no ganan lo suficiente. Los hay, también, que consiguieron cumplir ese reto, pero se han visto obligados a volver a casa de sus padres al perder su empleo. Han de estar agradecidos por tener dónde refugiarse en una época de crisis en la que casi uno de cada dos menores de 25 años que busca trabajo no lo encuentra. Sin embargo, es normal que esta situación los desanime.

Más de la mitad de los españoles de entre 18 y 34 años convive con sus padres, según un estudio la oficina de estadísticas de la Unión Europea, el Eurostat. Las principales razones son el paro y la temporalidad laboral. ¿Qué han de hacer los padres ante estas dificultades? Además del apoyo económico para cubrir las necesidades básicas, los progenitores tienen que dar apoyo emocional y, a la vez, «impedir que sus hijos se acomoden y se conformen con la situación actual», según explica la pedagoga y psicóloga María Rosa Buxarrais.


Negociar las normas
Una cuestión importante es hacer partícipes a los «hijos pródigos» de las tareas domésticas. Si han vuelto al hogar, «tienen que asumir las mismas tareas que comparte el resto de la familia, mientras siguen buscando trabajo», asegura Buxarrais. De esta forma se consigue, no sólo un apoyo en el hogar, sino que estos jóvenes se sientan más útiles, lo que apaciguará su frustración. Además, es necesario recordarles «lo importante que es su independencia, tanto económica como emocional», sobre todo si se percibe que el joven se empieza a acomodar a «vivir con sus papás».

El hecho de tener que convivir con los progenitores se convierte en un problema mayor cuando el hijo ya se había independizado, pero ha tenido que volver a casa al perder su empleo. En ese caso, el afectado ya se ha acostumbrado a no tener que dar explicaciones ni adoptar el horario familiar, por lo que la relación con sus padres se puede complicar. Entonces, «los padres han de ser más tolerantes aunque, en cierta medida, hay que exigirles adaptarse a las normas de la casa». A pesar de ser ya «mayorcitos», los jóvenes no pueden pretender gozar de una plena independencia en su hogar familiar. «Hay que establecer ciertos límites, como avisar si no van a comer o a dormir en casa», advierte la pedagoga.

A la vez, los padres han de ser conscientes de que sus hijos «ya no son niños, sino que son iguales, aunque la relación no deja de ser paterno-filial», y de que no pueden adoptar una actitud controladora. La clave está en «negociar y pactar» las normas de convivencia, pues la situación se puede convertir en incómoda cuando se dan circunstancias que no se habían previsto.


Formación continuada
Por otro lado, hay que saber aprovechar todas las oportunidades y no perder el tiempo. El hecho de no tener trabajo obliga a los afectados a seguir formándose, no sólo como persona, sino también como profesional. Es una ocasión idónea para aprender idiomas que, en el actual panorama de mercado de trabajo internacional, se han convertido en el complemento perfecto para cualquier currículum vitae. Por ello, una inmejorable alternativa es animar a los jóvenes desempleados a salir al extranjero. Esto no sólo puede servir para conocer otras lenguas, también «es útil en su desarrollo como personas, y les hará sentirse más motivados, además de mostrarles otra forma de ver la vida», asegura Buxarrais.

Otra manera de aprovechar el tiempo, además de estudiar idiomas, es optar por continuar la formación profesional, por ejemplo, con un máster. En relación con esta cuestión, hay que tener en cuenta la situación económica de la familia, pues no todos los hogares pueden permitirse financiar este tipo de estudios. En cualquier caso, se puede barajar la opción de que estos gastos sean devueltos por el estudiante cuando su condición laboral mejore.

Es el caso de María García, una española licenciada en Químicas que perdió su empleo hace apenas un mes, por lo que se ha visto obligada a volver a casa con sus padres y hermanos. El año que viene empezará a estudiar un máster en Periodismo Científico en la UNED, que sus padres le financiarán. Mientras, sigue echando currículum y haciendo entrevistas. Como la mayoría de los españoles en esta situación, María espera poder terminar de pagar ella sus estudios, devolver el dinero del máster a sus progenitores y recuperar su independencia.


La mitad de los jóvenes no consigue empleo
- ¿Volver a casa por gusto o por obligación? Lo cierto es que, a pesar del mito de que los españoles viven con sus padres por comodidad, en el actual panorama económico son muchos los jóvenes que no consiguen un contrato que les garantice que podrán mantener su independencia.