Zapatero cogió su fusil

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Hemos pasado de la pancarta al F-18. A este Gobierno, que acusa a Rajoy de tener principios de quita y pon, siete años después de alcanzar el poder no le conoce ni la madre que lo parió. Si para Irak hubo foto en las Azores, para Libia se ha elegido París. Ahora son los franceses los que lideran el ardor guerrero mientras Obama intenta mirar para otro lado para disimular. Estos pacifistas reversibles que nos ¿gobiernan? Llevan desde el inicio de las operaciones, el pasado fin de semana, queriéndonos hacer creer que esta vez se trata de bombardeos humanitarios para evitar que Gadafi, con las armas que le hemos vendido todos, siga masacrando a su pueblo. Sadam, por lo visto, hizo desaparecer a miles de kurdos y chiíes por arte de magia, sin pegar un tiro. Zapatero, que hace apenas un par de meses comparecía de la mano del hoy sátrapa de Trípoli como si estuviesen recreando el «sketch» de Tip y Coll (recuerdan aquello de «dame la manita Pepe Lui») con esa gran sonrisa suya de las grandes ocasiones, aquellas en que se dispone a pronunciar frases que, como diría Carlos Herrera, merecen mármol, nos quiere convencer de que cuando es el PSOE el que bombardea siempre obedece a una buena acción, algo así como salvar al soldado Ryan. Y habrá quien pique, ya lo verán. Y me refiero a los ciudadanos de buena fe, no a los artistas subvencionados. Pilar Bardem quiere hacernos creer que es una enfermera voluntaria cuando en realidad se ha convertido en madrina de guerra de su admirado y generoso presidente. Un presidente que se ha preparado de aquí al final de la Legislatura una agenda internacional al estilo de sus predecesores. Siempre será mejor dar clases en una universidad extranjera que volver de profe sin galones a León con lo mal que pagan en este país a los docentes. Otra cosa es que pudiera ser sindicalista, actor o cantante, pero no le veo yo en esos menesteres. Lo de Irak fue un desastre, y lo de Libia lleva el mismo camino. Aquí nadie se libra de su guerra, pero la diferencia entre Felipe, Aznar y Zapatero es que los dos primeros no intentaron hacernos creer que las bombas eran confetis. Ahora va a resultar que el petróleo y el gas de Libia no tienen nada que ver con la decisión de Sarkozy y sus comparsas. Occidente ha tenido un ataque repentino de humanitarismo y en eso a nuestro presidente, el de la Alianza de Civilizaciones, no le gana nadie. Por eso sigue dudando entre si se va o lo echan las urnas. Va a dar lo mismo. Su trayectoria errática, agravada desde el inicio de la crisis económica, es un mal que ha contaminado por completo las siglas que representa. Todos los aspirantes a la sucesión, si es que se produce, han sido zapateristas hasta que descubrieron que las vías de agua se parecen demasiado a las del «Titanic». Ya se sabe que en la Francia ocupada todos los ciudadanos, salvo el mariscal Petain, militaban en la Resistencia. Con Zapatero todos los socialistas han cogido su fusil.