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Cambiar al mariachi por Soldado Ryan

La Razón
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No sé por qué me han enviado. Casi podríamos haber seguido la campaña a través de Google Maps, sin agentes sobre el terreno, sin satélites ni drones no tripulados. Aún por confirmar si los estúpidos de Atlanta me arrojaron sobre México, el sur de España o de Italia. Si esto es Tijuana, Andalucía o Calabria.

Me parece que ese tal Griñán es el mejor agente de campaña del PP. Procura dibujarse a sí mismo como el Abraracurcix de la aldea gala. Aplicas la lupa sobre un mapa y aparece este reducto del naufragio socialista europeo rodeado por una mancha de color azul pitufo.

En resumen, esta gente vive en la típica sociedad del bienestar en la que si descubres que un remedio carece de eficacia, algunos te acusarán de ensalzar la enfermedad y de querer matar las esperanzas del paciente. Como en el franquismo. Los mismos que hace años borraron la palabra «patria» de su vocabulario por considerarla franquista y reaccionaria dirán incluso que eres un anti patriota.

Llevan treinta años de lo mismo, tanto como una dictadura, de modo que las estructuras controladas con dinero público lo invaden todo. Un ejemplo: el 90 por ciento de las Fundaciones en Andalucía vive bajo el paraguas de la Junta. Bueno, también el PRI duró en México más de sesenta años antes de que cambiaran al mariachi. Incluso han encontrado aquí a una Teresa Mendoza como la de Sinaloa de Pérez Reverte. Puro realismo mágico.

Lo cierto es que fue dar comienzo la campaña electoral y empezar a sonar las balas trazadoras. El PSOE parecía un ejército de Pancho Villa, con vocerío, pancartas en la calle y mucho bing-bing y bang-bang de frasecitas pretendidamente hirientes. Por su parte, el PP, con su comandante en jefe, un tal Rajoy, y su mariscal de campo y candidato, Javier Arenas, no necesitó ni presentar armas, porque, de repente, sonó por encima de la batalla algo parecido a un ¡Zacabuuuuum-rrraaasss! que absorbió la mitad del oxígeno circundante y dejó temblando el paisaje y petrificada la campaña.
En una grabación se oía a una tal Laura Gómiz, presidente de la empresa pública Invercaria, acorralando a un subordinado para forzarle a falsear expedientes a toda prisa: «Si me comprometiera con la ética, no estaría en esta organización», trataba de excusarse la señora. ¿La organización? ¡Qué raro!, pensé. Enseguida intenté recordar en qué pasaje de «El Padrino» o de «La reina del Sur» había leído eso.

Anoche, antes de dormir, revisé mis notas. Luego, quise leer un rato en Internet un panfletillo inane de 133 páginas titulado «Documento programático de los socialistas andaluces». En su página 20 dice así: «Nuestra organización, el PSOE de Andalucía es, más que un partido político, una organización social, formada por andaluces y andaluzas que trabaja para ellos». Claro, «La or-ga-ni-za-ción». La familia, Tony, la familia…