Arco menos es más

La Feria de arte contemporáneo clausura su XXX edición con el sentir mayoritario de que la reinvención del certamen ha sido un acierto. Casi todos los galeristas reconocen haber vendido «más de lo esperado» y aplauden los cambios

Una de las obras de Ter-Oganyan
Una de las obras de Ter-Oganyan

Si Arco cotizase en Bolsa, sus acciones habrían experimentado un «rally» alcista en estos días, pero, a falta de datos globales de ventas, que, como es tradición, nunca se hacen públicos, la feria de arte contemporáneo vivió ayer el cierre de la trigésima edición con una clara recuperación de la confianza. Cada uno cuenta la feria según le ha ido en ella, pero el sentir general es palpable: «Hacemos un balance positivo pero no eufórico», decía ayer Alberto de Juan, galerista de Max Estrella. Arco ha recuperado la fe gracias a la fidelidad del coleccionista privado (en particular, el español) y un renovado espíritu que pone en la boca de todos los galeristas la palabra «positivo». Carlos Urroz, director de la feria, resume este año de transición como el principio del nuevo camino: «Las líneas que se han tomado este año han funcionado, y habrá que potenciarlas y desarrollarlas».


Satisfacción
«Se ha vendido más que el año pasado y se han hecho muy buenos contactos con galeristas internacionales», afirmaba Urroz, reacio como todos los galeristas a hablar de cifras concretas que definan los buenos pálpitos. «Por lo que yo he podido ver, todos están muy satisfechos con el desarrollo de este Arco. A mí me ha ido bien pero lo importante es la feria, que la gente esté contenta», dijo la galerista Soledad Lorenzo, que forma parte del comité organizador de Arco. En su caso, las ventas han sido incluso superiores a las de 2010, después de un inicio arrollador. Tuvieron que reponer piezas. Marlborough también había vendido, en los dos primeros días de la Feria, dedicados a los profesionales, la mayor parte de las piezas de su «stand». También es un hecho que el público ha vuelto a responder: más de 150.000 visitantes, tantos como el año pasado, con 9.000 metros cuadrados menos de exposición y muchos menos espacios publicitarios o patrocinados. Arte concentrado, vuelta a los orígenes. Desde la galería Elvira González el balance «no es tan bueno como el del año pasado, pero es mejor de lo que esperábamos». Alberto de Juan habla de «moderado optimismo» y de «buena línea», mientras Álvaro Alcázar sostiene que ha sido una edición «mucho mejor de lo que esperábamos en un año tan complicado». Leandro Navarro califica la feria de «resultado correcto para los tiempos que corren». Aunque también en el sentir mayoritario estaba el lamento por la ausencia de comprador institucional debido al recorte de los presupuestos, lo que le da valor doble al repunte de las ventas.

Para Urroz, además, la experiencia de Rusia como país invitado ha sido buena, porque «se ha podido ver por primera vez en España a muy buenos artistas», lo que ha aumentado las expectativas previas a la Feria y ha atraído más que nunca a compradores internacionales. Juana de Aizpuru celebró las «muy buenas» ventas conseguidas, pero hizo hincapié en los aciertos de la nueva organización. Desde la galería El Museo, con sede en Bogotá (Colombia), destacaban en la misma línea que «se respira una nueva energía y buena disposición». «Hemos vendido mucho. Más de lo esperado», asegura el argentino Jorge María-La Ruche.


El reclamo de los jóvenes
Otra de las novedades de esta edición, las galerías agrupadas en Opening, ha sido un acierto, porque, además de aportar puntos de vista un poco más transgresores, funcionan como imán para el riesgo. El responsable de la galería húngara Viltin, que se estrenaba en la Feria, eontaba con satisfacción que han vendido dos piezas «a coleccionistas españoles», lo que confirma el creciente interés de los nacionales por el arte joven internacional. Otra de las novedades, el asistente de compras «First Collector», un servicio gratuito de asesoría para nuevos coleccionistas, fue solicitado por 17 personas. Entre las compras institucionales, el Museo Reina Sofía encabeza la lista de gasto, con más de 680.000 euros en 20 piezas, y, entre otros, el Ayuntamiento de Pamplona, la Comunidad de Madrid y de Cantabria, y la Fundación Coca-Cola, que subió su gasto un 25%.



Un ruso que no gusta a putin
En esta edición, Rusia ha sido el país invitado. Y si detrás de cada artista y cada obra hay una historia, al otro lado de los cuadros de Avdey Ter-Oganyan es un cuento que no le gusta al primer ministro, Vladímir Putin. Ter Oganyan vive como refugiado político en Praga desde 2002. Sus opiniones al respecto de la iglesia ortodoxa o Chechenia le valieron un intento del gobierno por frenar su carrera. Las cuatro piezas que se muestran en Arco están censuradas en Rusia y en la feria no se venden, se encentran colgadas dentro de una habitación de la galería Luneva. En «Radical abstractionism», Ter-Oganyan hace una burla de «las abstracciones geométricas de los constructivistas rusos». En otras, se ha prodigado por anotar textos políticamente incorrectos.