El galope propagandístico bolchevique

«La caballería rusa» analiza la relación entre arte y represión política en la URSS

Varias piezas en diferentes soportes.
Varias piezas en diferentes soportes.

En el arranque del siglo XX en Rusia y en España corrían realidades semejantes. Enormes masas de población eminentemente agraria y analfabetas preparaban la revolución mientras los cenáculos culturales alumbraban las generaciones de plata de la creación de ambos países. Pero ahora no nos ocupa la Generación del 98 ni la del 27, sino la asombrosa cantidad de talento del otro lado de los Urales. A creadores como Pasternak, Bulgákov, Pilniak, Ajmátova, Kandinski, Chagall, Ródchenko, Popova, Einsenstein y Shostakóvich se consagra la exposición «La caballería roja. Creación y poder en la Rusia soviética de 1917 a 1945» que inagura La Casa Encendida.

Ósmosis cultura-política
La suerte de estos artistas de vanguardia fue muy diversa. Casi todos vieron en la revolución una oportunidad a sus postulados rompedores y todos asistieron a la aniquilación del talento creativo por parte de Stalin. «Pero es algo más complicado que decir que la vanguardia fue aplastada por el realismo socialista. Hay una ósmosis entre cultura y política», dijo ayer la comisaria de la exposición, Rosa Ferré. En la muestra, organizada de forma espectacular en cuatro bloques temáticos por todo el edificio, se cuenta «un tira y afloja, y cómo muchos hicieron únicamente arte oficial de propaganda y otros no». «Es un movimiento para crear socialismo. La función de estas obras es reflejar un ideal, y se niega la creación individual», dijo Ferré. «Si no eras un artista oficial no eras nada, pero eso es algo que también pasa ahora. Antes era el poder político y ahora la desaparición se debe al mercado. Pero no hemos sido amables con los artistas oficiales. Serlo equivale a ser un privilegiado y negarse a salir de la rueda». También hay tiempo para desmentir algunos tópicos, como que Lenin apoyaba la vanguardia creativa, pues era una persona absolutamente conservadora en términos artísticos, aunque creía en el cine como medio de propaganda, o que Stalin era analfabeto. «En privado leía en varios idiomas y era el gran editor de la cultura de su época», dijo Ferré. Tanto, que él mismo dirigía la censura y las purgas y ordenaba la eliminación física de los artistas. Para el director de La Casa Encendida, José Guirao, ésta es una oportunidad de «poner contexto» a una época que es «un pozo de modernidad».


Ajedrez sin rey ni reina
La exposición es más bien un «proyecto multidisciplinar» que abarca desde manuscritos de obras literarias, grafitis primigenios, vestuario y escenografía teatral, música experimental y oficial, cartelería, cine, o, en un acceso de fiebre bolchevique, un ajedrez... sin rey ni reina. Todo para escenificar el nacionalismo más exacerbado, la conquista de todos los espacios de la tierra al cosmos, como ilustra «La caballería roja», de Malévich (en la imagen) que da título a la muestra. El programa de La Casa Encendida se completa con conciertos y conferencias para celebrar que estamos en el Año Dual Rusia-España.


- Dónde: La Casa Encendida. Ronda de Valencia, 2.
- Cuándo: hasta el 8 de enero
- Cuánto: entrada gratuita.