Tres vidas en una

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María Jesús Valdés vivió tres veces: primero al lograr el Premio Nacional de Teatro con veintipocos años y fundar compañía propia bajo la dirección de José Luis Alonso; luego como esposa y madre satisfecha –aunque alguna vez me confesó que quiso escaparse por la puerta de atrás del Palacio del Pardo, donde su marido trabajaba como médico de Franco– , y, finalmente, cuando logró volver a convertirse en la primera actriz de este país después de cuarenta años. El mérito de su vuelta a los escenarios fue de Juan José Seoane. Ella se había retirado en 1957 y cuando preparábamos «La dama del alba», de Alejandro Casona, me sugirió que se lo propusiéramos. Nos presentamos los dos en su casa y aceptó. El 17 de septiembre de 1991 la estábamos estrenando. Cuando apareció sobre el escenario el teatro se puso en pie. He vivido con ella la relación más hermosa que he tenido con ningún actor. Era tremendamente intuitiva, pero no ofrecía resultados en los primeros ensayos. Fue siempre coqueta y seductora y se atrevió con papeles tremendamente arriesgados como «La visita de la vieja dama», en la que se desnudaba a su edad. El gran éxito de su vida fue «Carta de amor», de Fernando Arrabal, en la que actuaba apenas para 80 personas en el Museo Reina Sofía. Cuando anuncié que iba a reabrir el María Guerrero con «Historia de una escalera», que ella había estrenado en el papel de niña, me dijo: «No me puedes hacer esa pregunta». No insistí porque no era ningún secreto que había sido novia de Buero Vallejo, y hay cosas que mejor no forzar. Ha sido, como la Jurado en lo suyo, la más grande.