Victoria pírrica de Zapatero: salva la reforma y pierde a la izquierda

El Gobierno logra convalidar el decreto sólo con los votos del PSOE y la abstención de CiU, PNV y PP

Corbacho defiende la reforma laboral porque «no abarata el despido»
Corbacho defiende la reforma laboral porque «no abarata el despido»

MADRID- El guión estaba escrito y los votos, contados. Así que no hubo sobresaltos, ni toques a rebato. De hecho no fue necesario si quiera que se fajaran los primeros espadas. Ni Zapatero, ni Rajoy, ni Duran, ni Erkoreka subieron a la tribuna a defender sus respectivas posiciones. Y es que a mediodía se despejaron las escasas incógnitas que quedaban. El presidente pudo otra vez respirar tranquilo. La reforma laboral enviada por el Gobierno al Congreso tenía el aval de la UE, del BCE, del FMI, del mismísimo Obama y, además, iba a ser convalidada, aunque sin más voto favorable que el del PSOE por el Parlamento. Una convalidación, eso sí, crítica, muy crítica porque el texto no contó con el apoyo de uno solo de los partidos representados en nuestra Cámara Baja. Sólo el PSOE , y no todo, votó a favor de la convalidación del decreto-ley. La «abstención crítica y masiva» del arco parlamentario salvó no obstante a Zapatero de la pira. Por ella se decantaron 173 diputados, incluido el socialista Antonio Gutiérrez, que rompió la disciplina de voto. También se abstuvieron el PP, CiU, PNV, CC, UPN y UPyD. Era ésta la opción más coherente, sin duda, para quienes llevan año y medio urgiendo al Gobierno a flexibilizar el mercado de trabajo pues, aunque discrepen del texto aprobado por el Ejecutivo, tienen ahora ocasión durante el trámite parlamentario de hacer aportaciones, acercar posturas o imponer criterios. Con ellos será con quien tenga que acordar el PSOE, especialmente con CiU y PNV. Zapatero está obligado ahora a construir una alternativa por el centroderecha con el nacionalismo catalán a la espera de las elecciones autonómicas. No le queda otra después de que la izquierda parlamentaria, con su «no» rotundo de ayer, se desmarcara definitivamente de la política económica a la que los mercados, Bruselas, el BCE o la hegemonía conservadora de la UE han arrastrado a Zapatero y han dejado al socialismo huérfano de discurso. Y eso que el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, se afanó en el intento: «La reforma beneficiará directamente a los ocho millones de españoles en paro o con contrato temporal», «no mermará derechos», y «potenciará la incipiente salida de la crisis». Por más que insistió, sus palabras sonaron huecas. Ya no hay quien le compre la mercancía. Desde luego, no lo hizo un PP que optó finalmente por la abstención y no por el «no» como hiciera con el decreto que congeló las pensiones y recortó los salarios públicos. Los de Rajoy, a quienes ya no se les podrá llamar «el partido del no», salvan la cara ante sus propios correligionarios europeos, que también han apoyado las decisiones económicas de Zapatero. Pero advierten, en todo caso, que el texto está hecho a golpe de «improvisación, imprecisión y arrogancia». Lo dijo así la portavoz del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, quien asumió en primera persona la defensa de la posición de su grupo.«Han tenido que pasar dos años y 2,5 millones de parados para que el Gobierno asuma que la reforma laboral es necesaria. Tardaron un año en reconocer la crisis y dos en reconocer su coste social», le espetó la popular al ministro de Trabajo, antes de sentenciar que el principal problema de España, el que no se resolverá con la reforma laboral, «es la credibilidad de Zapatero». La portavoz del PP defendió la necesidad de la reforma, pero no el contenido que el Gobierno ha enviado al Congreso porque, dijo, la de Zapatero es una reforma «para el despido y no para la creación de empleo».

Las coincidenciasSu posición no difirió de la del resto de portavoces porque todos coincidieron de forma unánime en que las modificaciones propuestas por el Ejecutivo si algo conseguirían sería el abaratamiento del despido. Lo dijo el catalán Campuzano, el vasco Olabarría, pero también el republicano Ridao y el ecosocialista Herrera. En esto, que no en el voto, sí coincidieron las formaciones de derecha e izquierda. Los nacionalsitas reafirmaron su abstención, tras decir que la reforma es incompleta y debe mejorarse. Para ambos quedan aspectos sustanciales a debatir, como la mejora de la flexibilidad interna de las empresas o las políticas de formación. Y ambas cuestiones se proponen mejorar sendos grupos con sus enmiendas en la tramitación parlamentaria. El PP no tiene el convencimiento de que sean aceptadas las suyas. Al PSOE le basta con el apoyo final de CiU y trabajará por ello, lo que no impidió al PP subrayar que el Gobierno está solo. Así discurre la historia y también la política. Ya no es el PP el que sufre la soledad parlamentaria ni el aislamiento político.

Una tramitación exprés- El Congreso aprobó ayer también, esta vez por unanimidad, que el Real Decreto de la reforma laboral se tramite como proyecto de ley y con carácter de urgencia. La Comisión de Trabajo tendrá así competencia legislativa plena, por lo que el texto, de no ser modificado en el Senado, no tendrá que volver a Pleno. - La Mesa del Congreso tendrá ahora que abrir un plazo de una semana para la presentación de enmiendas parciales, ya que la tramitación urgente no admite enmiendas a las totalidad. Transcurrido ese tiempo, la Comisión designará a los miembros de la ponencia, que tendrán que elaborar un dictamen en un plazo no superior a otros diez o quince días. Una vez aprobada la ponencia y el proyecto de ley, el Congreso lo remitirá al Senado, que tiene un plazo de 20 días naturales para todo el paso por la Cámara Baja.- Si el Senado no modifica ningún aspecto del texto remitido por el Congreso, el proyecto de ley queda aprobado definitivamente. De lo contrario, deberá volver a la Cámara Baja, donde será preciso convocar un Pleno. El Senado ya barajó ayer la posibilidad de habilitar un Pleno en el mes de agosto. No sería la primera vez. Ya ocurrió con la Ley de Partidos en 2002.