Más allá de la música

Sí, quiero comenzar este artículo diciendo que esta obra va más allá de la música. Está fuera del tiempo ya que, participando de esta celebración, uno se traslada a ese momento en el que está la Virgen bajo la Cruz, viendo cómo su Hijo ha sido sometido a las mayores aberraciones y a la peor de las condenas, por amor a todos nosotros.

La Razón
La RazónLa Razón

Bien, a ese lugar, nos trasladamos todos los que asistimos a esta celebración, todos los que pertenecemos a esta orquesta, sosteniendo a la Virgen en ese momento en el que una Espada le está atravesando el alma. La sostenemos cantándole «María, María, Madre de Dios». Este amor, que nos tiene la Virgen María, quién nos entrega a su hijo para que tú y yo tengamos Vida Eterna, se manifiesta en esta obra a través del amor, de la comunión que se da entre los músicos y el coro. ¿Por qué digo esto? Digo esto porque, igual que en la naturaleza todo canta, realza, la belleza de lo que tiene al lado, en la orquesta, cada músico, cuando toca su instrumento, lo hace lo mejor que puede, no para engordar su ego musical, sino para que, el músico que va a tocar después, suene mejor. Esto hace, que el que escucha la música, reciba una emoción estética. En definitiva, estamos evangelizando con nuestros instrumentos, con nuestras voces y esto, no lo enseñan en ningún conservatorio ni en ninguna escuela de música, nos lo ha enseñado la Virgen María, a través de esta obra: «El sufrimiento de los inocentes».