Una tarde como la vida misma

Los Esplá salen a hombros y Morante pasea una meritoria oreja

Luis Francisco Esplá dando un molinete, en imagen de archivo
Luis Francisco Esplá dando un molinete, en imagen de archivo

Ya se sabe, y es uno de sus más importantes valores, que la corrida es una representación de la vida misma, algo que quedó patente en muchos aspectos en el tercer festejo de la Feria de Hogueras. Nada queda, todo pasa. Unos se van y otros llegan. Ayer llegó Alejandro Esplá, convertido en matador de toros por su padre Luis Francisco, que tras cumplir el año pasado la última temporada completa, volvió a vestirse de luces para dar la alternativa a su hijo y retirarse definitivamente.Alejandró Esplá, tercer diestro con este apellido que obtiene el grado de matador, se estiró para torear a la verónica a su primer toro, "preceptor"de nombre y, para los amantes de las estadísticas, marcado con el número 115. Tras el largo parlamento y bendición de su padre, a quien brindó la muerte de este burel, el nuevo Esplá se mostró muy tranquilo y sereno, toreando con temple y limpieza a un astado noble pero con poca fuerza y que enseguida comenzó a quedarse corto.Algo más embarullado estuvo al torear de capa al que cerró plaza y salió desparramando la vista. Tras los dos primeros tercios se atemperó y sacó más fijeza, desplazándose con nobleza y recorrido, lo que aprovechó el matador para llevarle con mucha limpieza, estando otra vez muy dispuesto y resuelto, muy fácil sobre el pitón derecho, por el que encontró muchas más posibilidades que por el otro lado. Pese a la estocada caída se le concedió otra oreja que le permitió salir a hombros junto a su padre, a quien antes había cortado la coleta.Se hizo ovacionar Luis Francisco Esplá al torear de capa al jabonero segundo. Tiró de repertorio para llevarle al caballo y quitarlo, compartió el tercio de banderillas con Morante y su hijo, demostrando su magisterio y ciencia lidiadora ante un toro pronto y repetidor al que toreó con mucha templanza y sin dejar que el Juan Pedro hiciese efectivas sus intenciones de rajarse. Volvió a demostrar su facilidad con las banderillas y unas increibles facultades físicas a sus cincuenta y tantos años. El cuarto toro se lo pensó antes de embestir, haciéndolo con violencia y exigiendo que se le hiciesen las cosa bien. optó por una faena breve en el tercio, con series cortas que remató con una gran estocada que tumbó a «Osco», último toro que ha matado el diestro y pone punto y final a su intachable hoja de servicio. No se pudo lucir Morante al torear de capa a su primero, sin fijeza de salida y manso en varas. Tampoco embistió con claridad en el último tercio, obligando a su matador a mostrar su vena de torero valiente, trabajando mucho y responsable, intentando ahormar y someter a un animal que no humilló ni se entregó, abreviando cuando comprobó que no había nada que rascar. Con el quinto se pudo ver el Morante excelso toreando a la verónica y quitando por chicuelinas, se gustó en los ayudados a dos manos con el que abrió el trasteo de muleta, un corta más artístico, ante un astado que empezó a darle problema cuando se le fue acabando las fuerzas, costándole cada vez más seguir la muleta del torero de La Puebla que salpimentó la faena con detalles de su torería.