Indignados contra quién

La Razón
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Resultaba antes extraño que en un país con cinco millones de parados no saliera nadie a la calle a protestar contra el primer responsable de esa situación, que es el Gobierno. Y resulta extraño ahora que, cuando por fin alguien se decide a hacerlo, su protesta sea tan evanescente, tan diluyente, tan delicuescente y se dirija contra el Gobierno casi por compromiso, metiendo en el mismo saco de las responsabilidades a los bancos, a toda la clase política, al sistema y a la propia oposición, esto es, echando balones fuera, desactivando la propia protesta, esparciendo la culpa y, a la hora de la verdad, exculpando al principal culpable. Nunca unos «indignados» se indignaron tan poco contra quien debían, y esto es lo realmente sospechoso de este movimiento al que ayer sólo le faltaron los globos de colores para manifestar un conformismo que está en su raíz, aunque adopte la forma de rebelión. Los «indignados» de ayer reivindicaban puntos que suscribiríamos la mayoría de los españoles, pero les añaden unas dosis de utopismo izquierdista que hacen su protesta ineficaz. Porque, si el Gobierno no ha estado precisamente a la altura de esta crisis, su inoperancia llevaba la bandera de la izquierda, y ha sido la izquierda de este país la que lo ha apoyado; la que ha quedado, con ello, descalificada para marcar el camino de la solución y la recuperación.