Gaultier resucita a Amy Winehouse

Que Gaultier monte el espectáculo y evoque a Amy Whinehouse sobre la pasarela sin necesidad de Anne Germain o que desfile para él un chico-chica-chico, no significa que sea un vendedor de humo. Desfilar en la alta costura de París exige mucho más. Y él lo da. No sólo por la calidad de corte y tejidos de los camisones de sedas, los corpiños de cintura imposible –casi tanto como los tacones de cuña– o los vestidos de satén. Detrás de los disfraces de la diva de los excesos se encontraban las formas que se han convertido en tendencia estos días: las propias de la década de los 50.

En las antípodas del atrevimiento del francés, Elie Saab. Aquella que quiere cumplir en una fiesta con un «look» a lo Rania, sabe que el libanés nunca falla. Lo que les espera para las tardes de primavera y noches del verano son capas de gazar, hombros prominentes, vestidos largos y de cóctel en shantung y tul de seda. Y todo, en esos tonos pastelosos que él sabe tantear como pocos para que no empalaguen en exceso. Con Valentino, los modistos Maria Grazia Chiuri y Pier Paolo Piccioli se dejaron llevar por vestidos largos vaporosos y transparentes que evocaban a delicados camisones con discretos estampados de flores.

Y mientras se cerraban los pases de los desfiles junto al Sena, Karl Lagerfeld, aquel que anteayer mostraba vestidos de 20.000 euros para Chanel, ponía a la venta en la red una nueva colección exclusiva para masas, a partir de 60 euros. Un mismo genio para todos los públicos.