Gran expectación ante la boda de Marta Ortega

Gran expectación y curiosidad ante la boda de Marta Ortega y Sergio Álvarez, que se celebra hoy en La Coruña. 

Marta Ortega, acompañada por su padre, Amancio Ortega, fundador de Zara, ha llegada en coche al pazo que el empresario coruñés tiene en la localidad de Anceis, en el municipio coruñés de Cambre, en donde contrae matrimonio con el jinete avilesino Sergio Álvarez.

Parece ser, aunque no está confirmado, que se ha pedido a los casi 200 invitados que no lleven teléfonos móviles y para evitar así que se fotografíen los grandes momentos del «sí, quiero». Parte de la concurrencia disfrutó ayer del estupendo cielo azulado coruñés, algo inusual en pleno febrero, como prólogo a la fiesta que por la noche tuvo lugar en el Hotel Finisterre. Se sabe ya que esta familia, siempre tan sencilla, no impondrá el chaqué a los asistentes y que los manteles del banquete serán de lino de Holanda crudo ribeteados en puntilla de camariñas. Además, las sillas para los comensales serán de estilo Tiffany de color dorado.

Además, los contrayentes han solicitado que donen a dos ONG el importe de los regalos, y también enviarán un menú extra a varios de los centros que Cáritas tiene en La Coruña. Lo que ya no se sabe es si la merluza hervida tan representativa de la cocina gallega estará acompañanda en el gesto benéfico por los vinos Roda-Uno y Pedralonga Rías Baixas. Sin duda, es un gesto a copiar. Una sorpresa, como la que se llevaron los asistentes al ver que Ana Rosa Quintana y Susanna Griso no compartieran el mismo coche a la salida de los Premios Pata negra el pasado miércoles. Esta decisión hizo malpensar a los asistentes de la cita, a la que Gallardón faltó por necesidades ministeriales y se perdió una juerga confraternizadora: las presentadoras son amigas por encima de competidoras en la tele matinal. Los del Río definieron con humor a la barcelonesa como «la contrahecha», un personaje de la España franquista tan dada al venga jaleo, jaleo. El jubiloso almuerzo reunió a personajes tan contrapuestos como Enrique Cerezo o Silvia Jato, que va con su pena a cuestas. Nada cuenta de sus trece años de matrimonio echados por la borda: «Nunca he aireado mi vida privada», me dijo cortante. Un empresario santiagués, oriundo de Caracas, fue su propulsor y hasta se compraron piso para casarse. Eran otros tiempos, en los que Ana Tarazaga hacía y deshacía «misses», como Eugenia Santana o Esther Arroyo.

El acto se remató con el Pata Negra que Ana Rosa y Griso amadrinaron mano a mano. «Este par acabará arrollándonos a los presentadores, son imparables», reconoció cálido Matías Prats sin olvidar a su padre, parece que fue muy frecuentador de este Corral de la Morería, antaño cita obligada para cuanto famoso hollywoodiense venía a Madrid.